Dentro de la captura de instituciones para ponerlas al servicio del Gobierno, hay que incluir a la Auditoría Superior de la Federación (ASF). Nadie medianamente informado esperaba que de ahí surgieran directrices que pusieran un alto al dispendio y al mal uso de los recursos públicos, pero tampoco que el auditor entrara de lleno a la arena política.
Eso es lo que hizo Aureliano Hernández al anunciar que la dependencia a su cargo indagará las contrataciones que se realizaron en el IFE y luego en el INE a lo largo de este siglo: de 2000 a la fecha.
Lo primero que sorprende es que descalifica a todos sus antecesores. Lo que su equipo encontró en minutos, ellos no lo supieron detectar en décadas. Claro, falta hacer las indagatorias, pero ya se sembró la duda.

“Tengo mi cumpleaños y me quitan el tiempo”
¿Estuvieron mal hechas las revisiones anteriores? Es lo que sospecha el auditor, alineándose a una narrativa que tiene tres objetivos precisos: sacudirse la estela de podredumbre que dejó Guadalupe Taddei, algo que se antoja muy complejo, si no es que imposible de lograr; descalificar a Lorenzo Córdova, igual de remoto, porque el prestigio del titular del INE de 2014 a 2023 se lo ganó a pulso; y ensombrecer todo el periodo de transición y breve consolidación de la democracia.
Córdova y el sistema electoral son el blanco que, en realidad, es también el de la democracia liberal. Por eso se distingue entre dos democracias: la del pueblo, desde el triunfo obradorista, y la de las élites, la del pasado réprobo antes de la llegada de la transformación.
Es grave lo que ocurre. Lejos de proteger al INE y de buscar, con otras fuerzas políticas, salidas de consenso a la crisis que se abrió desde que se conocieron los conflictos de interés y las corruptelas de Taddei, a quien Morena puso en el cargo y concedió facultades extraordinarias, el oficialismo parece haber encontrado otra solución, la de derrumbar lo que queda del prestigio del INE. Pero, para ello, tienen que proceder contra el pasado, aunque sin consecuencias legales la prescripción.
Caso aparte es el de Córdova, porque sí se encuentra en riesgo su reputación, e incluso su situación jurídica, más aún con las injurias que le lanzan día con día.
En el fondo están apedreando los ventanales de su propia legitimidad, ya que el triunfo de López Obrador en 2018 no se explica sin las garantías que promovió la autoridad electoral en todo momento y a lo largo de décadas.
Así fue desde que José Woldenberg presidió el IFE (aunque añadiría también el consejo ciudadano con Jorge Carpizo) hasta que Córdova terminó su periodo en el INE. Después inició el deterioro que nos tiene donde estamos.
Sí, las elecciones se ganan con votos, pero es necesario que cuenten y se cuenten, y ahí estuvieron siempre el INE y el TEPJF.

Ecos de mazazo

