PESOS Y CONTRAPESOS

Ordenar la casa (4/4)

Arturo Damm Arnal. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Arturo Damm Arnal. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

¿Qué quiere decir poner la casa en orden? Crear las condiciones, necesarias y suficientes para, en primer lugar, hacer de la mexicana una economía más segura y confiable para las inversiones directas, que producen bienes y servicios, crean empleos, generan ingresos, condiciones del bienestar, que es el fin de la economía. En México no están dadas, y mientras no lo estén los resultados, desde la producción hasta el consumo, desde la creación de empleos hasta la generación de ingresos, desde el crecimiento hasta el bienestar, dejarán mucho que desear.

En nuestro caso, ¿por dónde hay que empezar para ordenar la casa? Por el capítulo económico de la Constitución, artículos 25 al 28, sin olvidar el 5, 123 y 131, capítulo económico que, desde el punto de vista de la lógica, tiene contradicciones (proposiciones que, al oponerse recíprocamente, se invalidan), y, desde el punto de vista de la economía, tiene errores (conceptos equivocados, juicios falsos). Pongo ejemplos.

Según lo dicho en el párrafo cuarto del artículo 28 constitucional, basta y sobra que el Congreso de la Unión expida una ley, y que el Ejecutivo Federal la promulgue, en la cual se diga, por ejemplo, que los salones de belleza y las peluquerías son sectores estratégicos, para que tengan que expropiarse y gubernamentalizarse (la palabra correcta es gubernamentalizar, no nacionalizar), porque en el párrafo quinto, del artículo 25, se dice que los sectores estratégicos, señalados en el párrafo cuarto del artículo 28, deben estar en las manos exclusivas del Estado, que para todo efecto práctico es el gobierno en turno.

¿Cuáles son los sectores estratégicos de la economía? Los que señalen las leyes que expida el Congreso de la Unión, es decir, cualesquiera se les ocurran a los legisladores, incluidos salones de belleza y peluquerías.

Lo anterior quiere decir algo muy grave: que en México el derecho de propiedad privada sobre los medios de producción no está plenamente reconocido, puntualmente definido y jurídicamente garantizado. Algo similar sucede, por ejemplo, con los impuestos.

En México basta y sobra que el Ejecutivo federal proponga cobrar más impuestos, de cualquier manera que puede hacerlo, y que el Poder Legislativo lo apruebe, para que al día siguiente el gobierno nos obligue a entregarle una mayor parte de nuestro ingreso, del producto de nuestro trabajo, lo cual quiere decir, nuevamente, algo muy grave: que la discrecionalidad del gobierno (poderes Ejecutivo y Legislativo), para decidir qué impuestos cobrar, a qué tasas, y a quiénes, es total, lo cual quiere decir que el derecho de propiedad privada sobre nuestros ingresos, con los que se paga cualquier impuesto, no está, ni plenamente reconocido, ni puntualmente definido, no jurídicamente garantizado.

Aquí tenemos dos ejemplos del Estado de chueco, que es Estado de injusticia, que padecemos en México, muestras del desorden en el que tenemos la casa, comenzando por el institucional, empezando por el marco jurídico, desorden que se ha traducido, al final de cuentas, en bajo crecimiento económico y en menos, y no tan buenas, oportunidades para elevar el bienestar, para vivir bien, para vivir mejor, bienestar que es el fin de la economía.

Poner la casa en orden empieza por eliminar el capítulo económico de la Constitución. Difícil, pero no imposible.

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Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón

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