LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS

¿Y ahora quién podrá ayudarlos?

Daniel Santos Flores. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Daniel Santos Flores. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Especial

Resulta que Donald Trump tampoco era invencible. Los republicanos perdieron la Cámara de Representantes, perdieron el Senado y recibieron un golpe mucho más grande de lo que seguramente esperaban en la Casa Blanca.

Los demócratas ganaron incluso en lugares donde durante años parecía imposible hacerlo y Trump tendrá que pasar los últimos dos años de su gobierno tratando de negociar con un Congreso controlado por sus adversarios. Bastante incómodo para un personaje acostumbrado a gobernar como si todo Washington tuviera que ponerse de rodillas a rogarle. Los números son muy claros; por ejemplo, los demócratas consiguieron una mayoría de por lo menos 54 a 44 en el Senado y ganaron al menos 30 lugares adicionales en la Cámara. Los que habían mandado hacer gorras para festejar, ya mejor las guardaron.

Lo divertido está en México, y es que durante meses políticos mexicanos que parecían convencidos de que la solución de todos sus problemas estaba en Washington, corriendo a reuniones, buscando contactos, celebrando las declaraciones de Trump contra México, aplaudiendo las amenazas y algunos prácticamente se emocionaban como recién casados cada vez que aparecía una diferencia con la Presidenta Claudia Sheinbaum, ya que, según ellos, entre más fuerte era Trump, más débil sería la Presidenta. El pequeño detalle es que ella siguió gobernando y mantuvo niveles altos de aprobación, y todo esto sin que ocurriera el apocalipsis que algunos esperaban con ansias.

Ahora tendrán que hacer cuentas otra vez. Si el proyecto político consistía en esperar que Trump debilitara desde Estados Unidos a una Presidenta que ellos no han podido dilapidar políticamente en México, quizá su estrategia necesita un plan B. Trump fue reprobado y los republicanos ya se pusieron a repartir culpas. Hasta Ted Cruz habló de una derrota de dimensiones históricas y dentro del partido comenzaron las discusiones sobre qué salió mal. Eso no significa que Trump haya dejado de tener poder, sigue siendo presidente de Estados Unidos y conserva enormes facultades, pero una cosa es gobernar con ambas cámaras y otra pasar dos años enfrentando investigaciones, bloqueos legislativos y negociaciones con la mayoría opositora.

Ahí está el error de nuestros amantes de los vecinos. Una oposición seria tendría que construir candidatos, propuestas y razones para que los mexicanos los consideren una alternativa; esperar que un presidente extranjero haga ese trabajo resulta bastante tonto. La Presidenta Claudia tiene sus propios problemas, entre ellos tiene a personajes que seguramente preferiría no cargar, pero derrotarla seguirá dependiendo de lo que ocurra en México, no de cuántas fotografías consiga algún opositor en Washington. Lo más irónico de todo esto es que mientras la oposición esperaba que Donald Trump terminara con el obradorismo, gran parte de ese trabajo lo ha hecho la propia Presidenta, y eso no lo han podido o no lo han querido ver los necios idólatras de los güeros.

La última…

¿Ahora quién podrá ayudarlos? ¿No se habrán dado cuenta todavía que le pasó al presidente de Paraguay apenas dos días después de la pérdida del control de las cámaras en EU? Bueno, en serio que ni porque lo están viendo en vivo y a todo color.

…y nos vamos.

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Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón

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