Ahora, informar ante el Congreso

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Foto: larazondemexico

Ayer que López Obrador estuvo en el bailongo y su informe sobre sus primeros siete meses de actividades como Presidente, se debería provocar y alentar una discusión entre los legisladores sobre la importancia que tendría que el primer informe se hiciera ante el Congreso.

El triunfo contundente de López Obrador, en forma y fondo, ha creado condiciones diferentes en el país. Están dadas las condiciones para hacerlo y para que se escuchen unos y otros, aunque en el proceso no se esté exento de gritos y sombrerazos.

El Presidente tiene una legitimidad ganada por los más de 30 millones de votos, y por la claridad bajo la que se desarrolló el proceso electoral. López Obrador puede pararse en el Congreso y no le va a pasar lo que a sus antecesores. A Vicente Fox no lo dejaron entrar a San Lázaro a presentar su informe y Felipe Calderón tuvo que materialmente tomar posesión por la puerta de atrás.

López Obrador no está en ninguna de estas tesituras, como tampoco lo está en la que tuvieron y provocaron Salinas de Gortari y Peña Nieto. Muy probablemente sería bienvenido en el Congreso, no sólo por los integrantes de su partido o sus seguidores, también sería visto como un acto de fortalecimiento de la democracia y de diálogo entre poderes.

La capacidad de maniobra que tiene el Presidente es amplia en todos los sentidos, estos siete meses la sociedad ha sido testigo y partícipe de ello. Muchos presidentes han gobernado ejerciendo ampliamente el poder, pero con López Obrador las cosas son distintas. La base social que tiene lo coloca en medio de inéditos políticos. Muchos ganaron elecciones echando a andar la maquinaria lo que les daba el triunfo y el poder, pero no necesariamente de la mano de las bases sociales.

El acto de ayer tiene que ver con las formas en las que cree el Presidente. Le es profundamente importante dar cuenta ante los suyos en la plaza pública lo que viene haciendo y está proponiendo. López Obrador bien podría dirimir y decidir todo lo que tiene y quiere hacer en este tipo de actos. La plaza pública ha sido, es y será su hábitat natural.

La forma en que lleva a cabo las votaciones a mano alzada, o las consultas que ha hecho, la más cuestionada fue la de la cancelación de la obra del NAIM, han sido, junto con la mañanera, sus mecanismos para gobernar. Con la mayoría que tiene en el Congreso cierra el círculo de la gobernabilidad.

No fue casual que al final de la campaña presidencial haya pedido el voto para que Morena tuviera la mayoría en las cámaras, se sabía a esas alturas ganador, su único y justificado temor era el fraude.

La reunión del Zócalo es para el Presidente por muchos motivos importante. Se cumplía un año de uno de los cambios políticos más significativos y trascendentes de la historia reciente del país. El tiempo dirá si fue un antes y un después, pero lo que no se puede soslayar es que es extraordinario.

Que López Obrador presente su informe en el Congreso y que escuche a todas las fuerzas políticas, además de que lo enaltecería, le haría ver como un demócrata. Es necesario que escuche a la oposición, por más que su partido tenga mayoría.

Los partidos de oposición merecen ser escuchados. Una cosa es hablar de ellos bajo lugares comunes, “son nuestros adversarios del neoliberalismo” etc., y otra es escuchar cara a cara innovando y alentando nuestra democracia y fortaleciendo el saludable equilibrio de poderes.

López Obrador ayer dio cuenta de lo que ha hecho hasta ahora. Fue un acto político, informativo y bailongo ante una asamblea entregada.

El 1 de septiembre el Presidente podría dar cuenta del estado de la nación a los representantes populares de todo el país; está en él la decisión.

RESQUICIOS.

Lo que también es nuevo en los actos de López Obrador, particularmente en el de ayer, es que todos los invitados le sufren para llegar y no les queda de otra que darse su baños de pueblo como lo vivieron algunos empresarios.

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