#8M, #9M ¿y el #10M?

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Foto: larazondemexico

Es cierto, se matan a más hombres que a mujeres, la diferencia es que a ellas las matan en su casa, las matan sus parejas, cohabitan con sus agresores. La amenaza para ellas es permanente y cercana.

Otra, por cada delito sexual en contra de un varón, ocurren 11 en contra de mujeres. La percepción de inseguridad por condición de género en calles y transporte público es de ellas, no de nosotros.

El feminicidio como un tipo específico de crimen, se justifica por todo esto.

La FGR valora que esa arquitectura jurídica debe mejorarse porque suceden casos en que al no acreditarse un feminicidio, tampoco se castiga el homicidio. Legislación sin duda perfectible, pero cuyo debate no debe distraernos de lo sustantivo, urgen cambios legales y sociales en favor de las mujeres.

Olga Sánchez Cordero entiende el asunto. Las mujeres en México están enojadas por las múltiples violencias de que son víctimas, por las estructuras culturales que cobijan la agresión como forma de vida, que las agreden e ignoran. Su enojo, dice la secretaria de Gobernación, no es en contra del Gobierno, es en contra de nuestra costumbre machista la cual determina actitudes cotidianas nocivas y obtusas por parte de la sociedad. Y también de los gobiernos.

Las omisiones, las ineficiencias, las insensibilidades, las estulticias abundan en calles y oficinas públicas y privadas, no es, por más que el Presidente López Obrador lo diga, un tema de neoliberales y conservadores corruptos, tampoco, porque eso infiere, de una marea de perversa manipulación y manipulables seres humanos inmersas siempre en la confusión. No.

Los pasos de las marchas del #8M serán efímeros, las expresiones que de ellas surjan, no. El impacto para las que caminen y para las que no, está ocurriendo ya, aquí y en el mundo. Cambios en las maneras de ver y entender todo. En el mundo occidental este tsunami no lo para nadie.

Los múltiples objetivos que esta energía colectiva plantea y afina, habrán de ser conquistados palmo a palmo, tendrán que luchar y contagiarnos de esa conciencia de respeto igualitario, histórico.

El #9M nadie se mueve, será otro día que, como todos, pasará. La manifestación masiva sea por ausencia o por la presencia de paliacates verdes, prendas moradas o diamantinas rosas hará su huella imborrable. Inútil debatir cuánto costará la estimada falta de mujeres en el sector económico; lamentable aritmética mercantil que no se ocupa por valuar costos mayores a consecuencia de la violencia de género en los otros 365 (año bisiesto este 2020) días del año.

Y a partir del #10M, la lucha de mujeres y hombres por cultivar una perspectiva diferente sobre la igualdad y el respeto, por combatir estigmas y prejuicios, estará estimulada. Contarán con un nuevo referente, fresco y propio que impulsará a las más jóvenes, a nunca tolerar agresiones y omisiones.

A las y los feministas de ocasión (como si la antigüedad de membresía importara), las marchas del #8M y el paro nacional #UnDíaSinNosotras del #9M les dará una nueva y justa causa que no tiene fecha de caducidad. A las mujeres que sufren alguna de las diversas violencias por su género, el #8M y el #9M les ofrecerá un golpe de conciencia, una inyección de valor que les permita romper inercias para imaginar una vida libre de violencia.

Vivimos días emocionantes, pero, sobre todo, trascendentes. No se trata de una campaña adversa a la 4T; tema y repercusiones son muy superiores a los enfoques épicos, retóricos o anacrónicos. Que marchen contra todo aquello que tolere y consienta la violencia por razón de género.

La devaluación de las mañaneras. Las conferencias del Presidente López Obrador se han significado durante la semana que termina, por algunas manifestaciones de violencia verbal por parte de esquiroles encargados de disipar momentos discordantes, durante las alocuciones mañaneras de Palacio Nacional.

Iniciativas fascistoides para indagar a quienes promueven las marchas y paros del #8M y #9M, o supinas convocatorias para que una periodista sea baleada, no sólo empaña lo que además de ejercicio de comunicación se ha convertido en herramienta de Gobierno, exhibe gratuitamente, la incapacidad institucional para condenar expresiones de violencia e intolerancia. Sorprende poco, pero indigna mucho.

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