Después de la tormenta llega la calma. La 4T sorteó el vendaval que provocó el culiacanazo y la liberación de Ovidio Guzmán, la masacre de la familia LeBarón y la amenaza de Donald Trump para declarar organizaciones terroristas a los cárteles mexicanos, sin heridas mayores. ¿La posible razón?
William Barr, el fiscal general de Estados Unidos pasó por México y tras su partida, Donald Trump no sólo pospuso la reflexión sobre la inseguridad nacional y las potenciales repercusiones para los suyos, sino que lo hizo elogiando al gran hombre que es nuestro Presidente; con un gesto por demás extraño en los modos del magnate que jamás cede nada, dijo que postergó la injerencista idea, a petición de Andrés Manuel López Obrador.
En sincronía con la despedida al abogado Barr, Evo Morales salió inesperadamente para nunca volver. Se dijo que iba rumbo a Argentina y así se confirmó; la escala en Cuba fue un compás a la espera que asumiera Alberto Fernández como presidente, para encontrar nuevo asilo y reunirse con sus hijos. El boliviano se mudó, dijo, para estar más cerca de su patria. El activismo del defenestrado mandatario desde México irritaba a más de uno.
Acto seguido y con una orden de captura fechada un día antes de la visita del fiscal estadounidense, el exsecretario de Seguridad de Felipe Calderón, Genaro García Luna, fue acusado de proteger al Cártel de Sinaloa a cambio de sobornos. En vía de mientras, la detención es utilizada aquí como una validación en la muy cuestionada estrategia pacifista del Gobierno.
Después de la tormenta llega la calma. La 4T cerró su primer año con un pavoroso cero en crecimiento económico. La apuesta del 2 por ciento que el Presidente López Obrador refrendó en varias ocasiones, la perdió. Catafixió la expansión por el desarrollo, los puntos de PIB los canjeó por la felicidad del pueblo.
En el año que se acaba, las inversiones del sector privado esquivaron, entre reuniones y fotografías, su aterrizaje en obras de gran calado. Prometen que a partir del Plan Nacional de Infraestructura el dinero fluirá para dinamizar la estable, pero alicaída economía mexicana. La certidumbre fue el bien intangible más escaso en el año debut del sexenio. El 6 por ciento de PIB para 2024 y el 4 por ciento como promedio de la administración se esfumaron. Pero ahora todo parece cambiar.
Entre escenarios y cálculos político-electorales en Estados Unidos, la Némesis de Donald Trump, la líder demócrata en el Congreso, Nancy Pelosi, le comió el mandado al mandamás de la Casa Blanca y en intensas jornadas con poderosas centrales obreras, alteró lo que supuestamente era un tratado cerrado, el T-MEC tendrá adiciones en ciertos capítulos, para que avance en el Congreso.
En cuanto Pelosi y el hombre del tratado en Estados Unidos, Robert Lighthizer, pactaron el adendum al documento (avalado ya por el Legislativo mexicano) con el subsecretario Jesús Seade, la Cancillería operó para que de inmediato vinieran a Palacio Nacional los representantes de Washington y Canadá, a signar el T-MEC 2.0. También viajó el asesor número uno de Trump, su yerno Jared Kushner, cuya sola presencia es todo un mensaje de proximidad.
A falta de formalizar las aprobaciones en el Parlamento de Canadá, en el Capitolio estadounidense y descontando el trámite fast track en el Senado mexicano, la certidumbre en el panorama económico nacional se asoma. Y a la luz de esta certeza mayúscula, la expectativa por nuevas y grandes inversiones, externas y domésticas, regresa.
Un buen cierre de año en las relaciones estratégicas de México. Un hombre orquesta, Marcelo Ebrard, un negociador de época, Jesús Seade, y una operación política diligente de Ricardo Monreal en la Cámara alta, apagan alarmas en el ámbito de la seguridad, soberanía y libre comercio (tan neoliberal como necesario), para darle viabilidad económica a la 4T.
Los costos reales de tanta negociación son inciertos. Es buena noticia que haya en el Gobierno quienes apuestan por la política antes que por la imposición. A un año de 4T, los técnicos dan mejores resultados que aquellos rudos que militan más de lo que gobiernan.

