Chantaje de Trump, plan de AMLO

Covid19: Por su curva los conoceréis
Por:

Hay una larga historia de colaboración de México con Estados Unidos para detener la migración centroamericana. Al grado de que, en 2012, un alto funcionario estadounidense, Alan Bersin, llegó a decir que “la frontera guatemalteca con Chiapas es ahora nuestra frontera sur”.

Pero México no es un caso aislado; Marruecos y Turquía han servido como agentes migratorios de Europa. Más recientemente, Níger es la nueva “migra” que detiene a los subsaharianos que atraviesan el desierto hacia los países en desarrollo. A cambio de ello recibe importantes beneficios.

Cuando Estados Unidos exige a México contener la migración tiene todo el poder de negociación. Por ello, frente al chantaje de Trump, toma importancia el plan de AMLO, que enfatiza el derecho de no migrar, el derecho de permanecer. Los expertos en estudios ambientales lo llaman “resiliencia”. Dada la rigidez del derecho de asilo, incluso por motivos humanitarios, y la presión de la primera potencia mundial sobre nuestro país, debemos apoyar a Centroamérica, promoviendo la resiliencia de su población ante el desempleo, la plaga de los cafetos, las sequías y la inseguridad.

Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal, ha elaborado, a petición del Presidente, una propuesta de desarrollo para esa región. En particular sugiere construir un gasoducto de 600 kilómetros, una terminal de gas natural en Puerto Cortés, Honduras, la interconexión del sistema eléctrico, ferrocarriles y carreteras. Por otro lado, AMLO promueve su programa “Sembrando vida” en Honduras, El Salvador y Guatemala. La versión original de éste incentiva a los campesinos mexicanos a combinar la siembra de cultivos tradicionales con árboles frutícolas y maderables. La intención es reforestar un millón de hectáreas en nuestro país. Ante la desertificación por el cambio climático y la migración que ésta provoca, en particular dentro del llamado “corredor seco centroamericano”, plantar árboles puede ser la forma de adaptación correcta. Alemania también promueve aguacateros y durazneros para la región.

Sólo hay que cuidar que AMLO no exporte a Centroamérica los errores de su programa. Y es que Gabriel Quadri y otros especialistas han advertido que, al pagarse 5 mil pesos por hectárea a los campesinos mexicanos, éstos están quemando bosques y selvas para acceder a los subsidios. Ejidatarios dueños de áreas naturales ahora tienen el incentivo de derribar árboles “improductivos”. Otros efectos perversos son: discriminación a actividades como la producción de café, cacao y apicultura. Pequeños cultivadores de éstos no se ven beneficiados por el programa porque sus tierras ya tienen árboles y arbustos. Y los programas que antes funcionaban mediante redes sostenibles de cooperación, con el respaldo de la Comisión Nacional para la Biodiversidad (Conabio), están siendo tirados a la basura. Viveros de plantas nativas han sido abandonados. Proyectos de apicultura están dejando de ser atractivos, pues los cultivadores prefieren rematar sus colmenas y con ellas muere una actividad que contribuye a la polinización de selvas y bosques.

Pero, corregidos los incentivos perversos, el plan de AMLO es la colaboración adecuada con Centroamérica.