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Bernardo Bolaños

México, potencia solar con apagones

ANTROPOCENO

Bernardo Bolaños
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Si lo que está ocurriendo ahora en Estados Unidos y en el norte de México no cambia el debate sobre la Ley de la Industria Eléctrica, no tendremos perdón. Una helada histórica en Texas tiene a miles de personas sin electricidad, algunas bajo temperaturas de menos diez grados Celsius.

Y aunque el cambio climático se manifieste como calentamiento promedio del planeta, también hay eventos fríos extremos ahí donde la crisis ambiental altera las corrientes atmosféricas cálidas. La helada en Estados Unidos y los apagones en México evidencian el alto riesgo de no poder producir energía durante estos fenómenos extremos, que cada vez serán más dramáticos y más frecuentes. Pero México se perfila abajo del paralelo 27 norte como uno de los mejores lugares del mundo para producir con energía eólica y solar e incluso exportarlas. Ésta no es una mera opinión dependiente de la ideología, el exsecretario de Medio Ambiente, Víctor Toledo, ya lo había dicho en una conferencia mañanera en diciembre del 2019: México es multimillonario en irradiación solar.

Paradójicamente, AMLO pretende en estos días que se reforme la ley para que los usuarios básicos de electricidad (ojo, no la industria que tiene suministradores calificados) consumamos energía casi exclusivamente de CFE, marginando a las energías renovables que son el porvenir de la nación.

Pero el Poder Judicial ya declaró inconstitucional una tentativa similar realizada a través de un acuerdo de la Secretaría de Energía. ¿Qué planea entonces el Gobierno al insistir? ¿Cree que la Corte se echará para atrás? En diciembre, el Presidente designará a otro ministro y, con él, serían 4 posiblemente inclinados a complacerlo y avalar la contrarreforma. ¿Le alcanzan 4 ministros? Es posible, pues para echar abajo una ley (a diferencia de un acuerdo) se necesitarían 8 votos de 11 en la Suprema Corte.

Pero está por verse si todos los ministros propuestos por López Obrador respaldarían una estrategia que ignore la crisis climática global, que nos haga violar nuestros compromisos internacionales, nos confronte con socios comerciales y que desprecie las formas más baratas y limpias de electricidad que podrían transformar a México en un exportador de electricidad hacia Estados Unidos. Los ministros también podrían anteponer el interés de las nuevas generaciones frente al patriotismo de chapopote.

La soberanía energética ni siquiera depende de la fidelidad a hidrocarburos, como se observa en otros países donde la rectoría del Estado coexiste con la transición energética. En ellos incluso se están aprobando leyes de energía ciudadana que permiten a los ciudadanos de a pie, además de las industrias, participar en el negocio de turbinas eólicas y paneles solares.

La CFE acabó reconociendo durante el “parlamento abierto” que a más generadores, menores costos. ¿Quién va entonces a creer que la contrarreforma eléctrica busca evitar que “suba la luz”? Es tiempo de cambiarle bastante más que una coma a la iniciativa presidencial.