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Bernardo Bolaños

De Thomas Piketty para la 4T

ANTROPOCENO

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El economista francés Thomas Piketty publicó un voluminoso libro en 2019: Capital e ideología. Ha sido traducido al español en la joven pero ya indispensable editorial Grano de Sal. Antes de que lo descartes como propaganda conservadora y neoliberal, querido lector obradorista, debes enterarte de que Piketty es partidario del socialismo participativo. Para buscar igualdad material en la sociedad no se anda por las ramas y sus propuestas le parecen demasiado radicales a gente como el premio Nobel Paul Krugman o al presidente francés Macron.

El libro le viene como anillo al dedo a México porque, entre muchas otras reflexiones, contiene diagnósticos de los modelos de propiedad estatal hipercentralizada que López Obrador y Bartlett todavía conocieron en los setentas del siglo XX. Y que añoran. El libro también trae análisis de las consecuencias de los liderazgos presidenciales verticales e hiperconcentrados.

Según Piketty, una de las explicaciones de la lenta caída de las economías centralmente planificadas fue la “poca calidad de los bienes de consumo disponibles en los países comunistas (aparatos domésticos, vehículos, etcétera)”. Es decir, que la búsqueda gubernamental de soberanía científica y de independencia tecnológica son armas de doble filo. Según Piketty, “es posible que ese factor cobrara importancia con el paso del tiempo, de modo que estuviera particularmente subestimado a partir de las décadas de 1960 y 1970”. Es posible lograr proyectos estatales emblemáticos cuando se concentra el financiamiento y se acarrea a los investigadores hacia algún sector estratégico, como el satélite Sputnik 1 lanzado por la URSS en octubre de 1957. Pero “el ejemplo de esos éxitos ya no bastaba para ocultar la mediocridad de las condiciones ordinarias de vida y el retraso en este aspecto en comparación con los países capitalistas, cada vez más evidente en las décadas de 1970 y 1980”.

Aquí entra en juego la importancia de la libertad en las sociedades democráticas y vale la pena evocar al juez Gómez Fierro que suspendió la contrarreforma eléctrica. Éste juzga con razón que imponer en México un producto como la electricidad generada con carbón o combustóleo, en nombre de la soberanía, es ruinoso en el mediano plazo. Piketty aplaudiría e, insisto, no se trata de un neoliberal sino de un socialista. Pero un socialista que no repite errores del pasado, a diferencia de buena parte de los ideólogos 4T (tan lejos del trauma de la URSS y tan cerca de Echeverría). Meter con calzador productos más caros, contaminantes y de menor calidad, es muy perjudicial para todos. Producir ventiladores 100% mexicanos contra Covid19 suena muy bien, sirve para lucirse una mañana, o una mañanera, excepto cuando no funcionan correctamente.

En la URSS, sigue Piketty, “a falta de respuestas claras, pronto hubo un repliegue hacia la hiperpersonalización del poder. Y, a falta de resultados a la altura de las expectativas, hubo que encontrar razones y chivos expiatorios, desarrollar ideologías de la traición y del complot capitalista”. ¿Les suena?