Bibiana Belsasso

Líder del Cártel de Cali y los secretos que se lleva

BAJO SOSPECHA

Bibiana Belsasso*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Bibiana Belsasso
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Bibiana Belsasso

La historia del narcotráfico no se entiende sin hombres como Pablo Escobar o Gilberto Rodríguez Orejuela, narcotraficantes colombianos enfrentados entre sí en los años ochenta.

Pablo Escobar comandaba el Cártel de Medellín, y los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela el Cártel de Cali.

Al principio del boom de la cocaína, ésta era exportada directamente de Colombia a Miami, pero las autoridades estadounidenses detectaron esa ruta y estos narcotraficantes buscaron alianzas con personajes mexicanos para distribuir la droga.

Eran los ochenta, el Cártel de Cali tenía toda la infraestructura para el cultivo, fabricación y distribución de drogas hasta Estados Unidos, al igual que el Cártel de Medellín, y usaban a los cárteles mexicanos como parte de su eslabón, pero no los veían como sus pares.

Los hermanos Rodríguez Orejuela trabajaban en México con Amado Carrillo Fuentes, El Señor de los Cielos, quien empezaba a cobrar relevancia en el tráfico de drogas.

Y comenzaron a surgir nombres de segundos al mando: Ismael El Mayo Zambada, y se hablaba de Joaquín El Chapo Guzmán, pero no era ni remotamente un personaje importante en el mundo del narcotráfico en esos momentos.

Esta historia la recuerdo porque la semana pasada falleció Gilberto Rodríguez Orejuela, quien estaba preso en una cárcel de Estados Unidos. Murió a sus 83 años, en su celda tras padecer cáncer en colon y próstata.

Gilberto Rodríguez Orejuela era conocido como El Ajedrecista, y fue detenido porque exportaron cargamentos, principalmente de cocaína, hacia Estados Unidos en las décadas de los 80 y 90.

Las disputas entre el Cártel de Cali y el de Medellín desataron la violencia en Colombia. Los coches bomba y los atentados al edificio Mónaco, en Medellín, el cual era propiedad de Escobar, y lugar donde vivían su esposa e hijos.

Con la muerte de Pablo Escobar, en diciembre de 1993, el Cártel de Cali se convirtió en el más poderoso de Colombia; también en esa época empezaban a cambiar los escenarios del narcotráfico en México.

Se pensaba que la familia Escobar, con su hijo Juan Pablo, quien apenas tenía 16 años, podría tomar el lugar de su padre. Cuando Juan Pablo Escobar, hijo del gran capo colombiano, sacó su libro, platiqué con él, y de viva voz me contó la reunión que tuvieron que sostener él y su madre con los líderes del Cártel de Cali, mismos que lo querían matar.

“Estábamos siendo cuidadosos por ellos mismos. En el libro revelo que el Cártel de Cali tenía oficina en el mismo piso que el despacho del Fiscal General de la Nación, eran casi una entidad paralela al Estado, se manejaban como si fueran una institución necesaria para la supervivencia del Estado mismo”.

¿Una vez terminada la persecución, continúa la sociedad entre ellos?

Siguió, y lo que le trajo a Colombia fue mucha mayor violencia, porque ahí despega el fenómeno del paramilitarismo. De 20 o 30 jefes paramilitares cada uno debe tener ocho o diez mil muertes. Eso es resultado de esas alianzas macabras entre el Estado y los delincuentes, donde lo único a lo que se le da continuidad es a la impunidad que reina hasta hoy.

Nárranos un poco esta reunión a la que tu madre te lleva, ¿sabías que igual y te podrían matar?

El Cártel de Cali siempre quería hablar personalmente conmigo. Fui a esa reunión a sabiendas de que me matarían, claramente hice mi testamento. Seguramente no iba a ser de un tiro de gracia, pero llega un punto en la vida en el que estás harto de ser perseguido por crímenes que no has cometido, no has tenido el tiempo ni de crecer, ni de cometer tu primer delito como para que desde los siete años te persigan por muchos delitos y llegas al hartazgo y dices: ‘si me van a matar que sea de una buena vez y terminamos con este asunto’. Hice mi testamento y me fui para la reunión y llegué 24 horas antes de que me convocaran.

¿Quiénes participan?

Miguel Rodríguez Orejuela, José Santacruz Londoño, alias Chepe, y Pacho Herrera. Faltaba Gilberto Rodríguez. La reunión es en Cali, en un edificio al lado de Caracol Televisión. Recibo una llamada en la que me indican que va a estar la familia de mi padre, se suponía que el único contacto del Cártel de Cali con el de Medellín era a través de mi madre. Me sorprendo porque empiezo a descubrir una traición: la familia de mi padre lo había vendido a los cárteles con anterioridad a su muerte. Mi abuela vendió a mi padre, y mi tío, su hermano mayor. Todos ellos, si hoy visten y hoy se toman un café, es por cuenta de mi padre. Nunca trabajaron, nada de lo que tienen lo lograron por su propia cuenta.

¿Qué sientes que tu abuela paterna te traicione de esa manera?

Terrible. Imagínate ver a tu abuela paterna decir: ‘todavía no lo maten, esperen a ver cómo nos vamos a repartir los bienes que él va a dejar’, estaba más pendiente del dinero que yo estaba por dejar. Yo me preguntaba: ‘¿a qué hora me van a matar y cómo?’ Se empieza a desvirtuar el tema central y empiezan ellos a decir: ‘no, que las propiedades, que Pablo nos dijo que nos iba a dejar estos edificios y en realidad se los dejó a sus hijos’. Miguel Rodríguez interviene y hace callar a mi abuela y le dice: ‘lo que Pablo decidió en vida que era para sus hijos va a ser para ellos’. Él es quien termina defendiéndonos. Hoy tengo mayor gratitud por los jefes del Cártel de Cali, archienemigos nuestros, que por mi propia familia, porque nos trataron con más decencia que nuestra familia.

También platiqué con Victoria Eugenia Henao, ella era la esposa de Escobar. Me narró cómo fue el día que les pusieron una bomba en el departamento donde estaban ella y sus hijos.

El Cártel de Cali indicó que no estaba relacionado con el ataque, pero desde ese momento las acciones de Pablo Escobar contra sus rivales fueron más violentas, pues para él ese ataque a su vivienda detonó una guerra.

Escobar provocó el incendio en la sede de una emisora que pertenecía al Cartel de Cali y trastocó su ruta de drogas en Nueva York, donde interceptaron un cargamento de dos toneladas de cocaína y se detuvo a Hernando Grajales Rizo, presunto colaborador de los Rodríguez Orejuela en esa ciudad estadounidense.

A la par de esa guerra, el Cártel de Cali usaba su dinero producto del narcotráfico como herramienta para permear en casi todos los sectores de la sociedad, desde política, espectáculos, deportes y negocios.

El Ajedrecista siempre quiso convertirse en un respetable empresario, por ello, buscaba manejarse con un perfil discreto, enfocado en el establecimiento de negocios legales.

Rodríguez Orejuela fue detenido dos años después de la caída de Pablo Escobar, tenía 56 años y estaba escondido en una casa en Cali, Colombia. Su hermano Miguel no tardó en ser aprehendido.

La situación cambió en los años 90, con las caídas de ambos cárteles colombianos. Los grupos mexicanos ya no sólo eran proveedores de servicio, eran ya quienes controlaban las rutas del tráfico de drogas bajo el mando del Cártel de Sinaloa, Los Arellano Félix y Los Beltrán Leyva.

Se dice que Rodríguez Orejuela, El Ajedrecista, se llevó los secretos del narcotráfico a su tumba, porque desde que fue extraditado y encarcelado en Estados Unidos nunca delató a ningún miembro o socio de sus negocios ilegales, con la finalidad de no poner en riesgo nunca a su familia.