Martes 1.12.2020 - 20:43

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Carlos Olivares Baró

Anatomía del fracaso

LAS CLAVES

Carlos Olivares Baró
Carlos Olivares Baró
Por:

El cuerpo se detiene frente al alba: respira corolas cansadas de una luz que impugna. “Caída del cuerpo / que fue trayecto / y ahora es beso sostenido / por la fuerza de la obscuridad” (Clara Janés). “Soy un fue, y un será, y un es cansado” (Quevedo): cuerpo hendido dependiente de la brevedad de lo que se vive. Hay un disfrazado vacío en el transcurrir de nuestra hechura indefensa al balbucir del tiempo que lo acecha. Todos los silencios y todas las confusiones rebotan contra la morfología de esto que somos: enigma que se consumirá más tarde: después, en las vaporosas celadas de humo del fuego inacabable.

Anatomía del fracaso (Mantis Editores, 2016), de Daniel Miranda Terrés (Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México, 1988): cuaderno que se sumerge en los dolores del cuerpo, en las estaciones donde los alientos se diluyen en la tregua del descendimiento. “El tiempo nos convierte en olvido / En fotografías empolvadas / En muertos”. Un yo atribulado, cómplice de los desandares, cofrade de la disposición: habitante contiguo del transcurrir que traza el cuerpo. “Pronto no habrá más que silencio / en el lado izquierdo del pecho”. Resuelta consignación por los atajos.

El poeta hace un recorrido por el Corazón (“Mi corazón no es una hoguera // Es un estanque en el que flota el cadáver / de mi infancia”), por los Pulmones (“La respiración nos oxida / Nos acaba como lenta fiebre // Cada aliento por el que vivimos / es también el que nos hará caer”), por el Hígado (“Tengo un sueño recurrente en el que miro / a una manada de lobos devorándole las víscera a un hombre”), hasta fondear en el Síndrome de Cotard, allí donde “La enfermedad recorre tu sangre / Sube hasta tus sueños en lo que te miras muerto”. Yo en nombramientos múltiples, en pronunciaciones de intensas clemencias. Todo se bifurca. Todo pulsa en estos folios de embriaguez inquietante e imágenes esbozadas más allá de las aureolas de la mortal inocencia. “¿Qué valor puede tener este instante? / Saber que me he quedado solo // Rodeado de silencios y mañanas tristes // ¿Qué valor pueden tener los días / y su paso lento de animal herido?”.

Hace unos días yo estaba llorando mientras leía a Rilke. Después seguí llorando mientas escuchaba a Schumann. La lluvia del violonchelo de Bach humedeció la estancia. (Aunque no me crean: yo lloro todavía). De pronto en mis manos este libro que me trajo de Guadalajara el poeta Luis Armenta Malpica: sentí un crespón de bríos como borbolleo caliente entrándome por los ojos. Yo no conocía los versos de Miranda Terrés: ahora me sé casi de memoria esta Anatomía del fracaso que es también mi anatomía. Yo no tuve un padre que llegara ebrio a mi sueño: yo viví en el resplandor de una madre arropada por la primavera que le hacía florecer el brillo de sus ojos. Cuando un libro de poemas nos devuelve a la morada de la infancia, uno ha regresado al aroma abrasador de los untos amorosos. Entonces, el cuaderno nos pertenece en los atajos del pulso de nuestro propio ardor.

Comparto con mis tres o cuatro lectores algunos breves momentos de esta Anatomía del fracaso: flujo de imágenes que nos hace cabalgar sobre clemencias anhelantes: “El dolor es un barco / que atraviesa el viejo mar de tu cuerpo / Los días: marineros muertos // Tienes hambre y huesos / Nadie quiere vivir con un enfermo” * “Las lágrimas han agrietado las mejillas de mi madre // El mar con que sueña se agolpa en sus ojos” * “No hay día más triste que los domingos / y su pasillo de silencio entre las horas” * “Pero el amor no es fuego que perdure” * “Quizá mi corazón no soporte más // Quizá mi corazón crezca tanto como un tumor // El corazón de los hombres / es del tamaño de lo que esperan”.

Anatomía del fracaso
Anatomía del fracaso
  • Autor: Daniel Miranda Terrés
  • Género: Poesía
  • Editorial: Mantis Editores