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Carlos Urdiales

Consulta, que algo queda

SOBRE LA MARCHA

Carlos Urdiales
Carlos Urdiales 
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
 
Por:
  • Carlos Urdiales

La consulta popular de este domingo es muy importante. La democracia participativa debe ir más allá de la valoración aislada de consejeros sobre su relevancia y pertinencia. Si la consulta cumple —es el caso— con la formalidad constitucional y el aval de la SCJN para ser, que sea entonces.

  La consulta popular de este domingo nació —a diferencia de la encuesta patito sobre el aeropuerto en Texcoco— de una propuesta del Poder Ejecutivo más 2.6 millones de firmas recabadas y validadas. El ejercicio pues, merecía más ímpetu de parte del INE, salir de su zona de confort económico y político.

La consulta popular de este domingo forma parte de las obligaciones sustantivas del INE, organizar elecciones y promover la participación ciudadana.

Para esta consulta, o cualquiera otra que la ciudadanía solicite, el instituto cuenta con presupuesto asignado, no sólo con 500 millones de pesos extra que el Congreso destinó para esta ocasión. El INE debe ser eficiente y austero para atender cabalmente los mandatos de la sociedad.

La neutralidad del INE no depende de quién impulsa la consulta popular de este domingo. Lo sustantivo es que la consulta abona a su misión.

El umbral para que el resultado de la consulta sea vinculante es elevado —requiere una participación de 40 por ciento del listado nominal de electores, más de 37 millones de ciudadanos—; reducir a un tercio las mesas receptoras, comparadas con la elección del pasado 6 de junio, aduciendo costos, complica que en zonas no urbanas la gente emita su opinión si para ello ocupa una o dos horas de camino. Tema para revisar en el Poder Legislativo.

A la consulta popular de este domingo le faltó ánimo democrático de medios y comunicadores, entendimiento social para sacarla de la narrativa pro-López Obrador o anti-López Obrador. La consulta abre la oportunidad de emprender una justicia transicional. Algo más importante que la propaganda ideológica.

Se trata de abrir cauces para cerrar capítulos y propiciar una reconciliación real entre generaciones y sectores. Airear el pasado sin violar la Constitución. La narrativa, a partir de filias y fobias, le restó peso y relevancia a la consulta popular de este domingo.

El INE pudo hacer más. El activismo político imperó en la conducta de algunos consejeros. Su empuje fue regateado por convicciones personales, no institucionales. A quienes opinan que se está consultando aplicar la ley se les responde que históricamente la ley no se aplica, no prevalece. Eso busca la consulta popular de este domingo.

Hasta aquí algunas ideas de Citlalli Hernández, secretaria general de Morena, sobre los pros de la consulta popular de este domingo. Los contras quizá estén más expresados.

La consulta será de chocolate, la pregunta no abre las puertas de la cárcel para los cinco expresidentes vivos —menos Luis Echeverría— que sale del imaginario propagandístico de quienes apoyan el ejercicio de mañana. La idea no persigue justicia, sino afianzar a un régimen en construcción y cuestionado por varios sectores.

La politiquería es telón de fondo en la consulta. Polariza más a la sociedad y engaña a quienes imaginan juicios sumarios a los villanos favoritos de la transformación.

El resultado —inducido por demás en la redacción de la pregunta— en caso de alcanzar la participación necesaria para que obligue a la FGR a indagar y determinar posibles causas judiciales igual no va a llevarnos a ningún parteaguas histórico. Nada pasará.

Y en caso de que la consulta popular de este domingo no sea vinculatoria para las autoridades, la valiosa herramienta de participación social quedará contaminada por una ideología anclada en el pasado, no en el porvenir.

¿Por qué mejor no consultar la despenalización del aborto a nivel nacional u obligar al Congreso a legislar el uso lúdico de la marihuana?

Como sea, de la consulta popular algo nos va a quedar. La posibilidad de pensar más allá de personalidades y partidarios. Oportunidad inédita que no debería morir antes de nacer. Participar es potestad soberana e individual. Hacerlo o no implica una posición válida y respetable.

El resultado deberá ser comprendido por el Presidente, por Morena y por quienes están convencidos de su necesidad y pertinencia. Apuntar y anticipar culpas tampoco resuelve algo. Valen todas las expresiones, pero asumir, aprender y corregir será más útil y trascendente.