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Carlos Urdiales

Fentanilo, tío Sam, puertos y aduanas

SOBRE LA MARCHA

Carlos Urdiales
Carlos UrdialesLa Razón de México
Por:
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El viernes en Badiraguato, Sinaloa, el Presidente López Obrador contextualizó cómo la siembra y cultivo de enervantes, como la amapola, van en franco descenso; que lo de hoy es el fentanilo.

Poderoso opioide que rediseña al narcotráfico global. El mismo que, afirmó, no se produce aquí, pero ante su prohibición en Estados Unidos inaugura a golpe de sangre y fuego rutas de trasiego que desde puertos del Pacífico buscan entrar al mercado de narcóticos más grande.

Las muertes por sobredosis de fentanilo —en ocasiones mezclado con heroína— en el país vecino superan ya a los decesos ocurridos en su guerra con Vietnam. Para la seguridad doméstica del tío Sam, el fentanilo es tema y prioridad, la migración molesta, el químico mata.

Por eso, en la agenda binacional discreta —por no decir secreta—, a Washington le apremia que sellemos puertos, aduanas y rutas hacia el norte. Los decomisos de fentanilo en la frontera se multiplican exponencialmente.

México ha sido incapaz, hasta ahora, de cumplir el rol impuesto de guardia extramuros contra flujos migrantes, pero sobre todo y más delicado, el de los precursores químicos traídos desde Asia y de fentanilo, que comienzan a ensamblarse aquí.

Que las aduanas tengan su agencia nacional exclusiva con Horacio Duarte al frente, hombre de absoluta confianza y certeza para el Presidente López Obrador, y que la Marina tome el control de puertos mercantes, atiende la presión de Estados Unidos y sus agencias de seguridad, para traducir los buenos empeños en resultados; reducir decomisos allá, que exhiben que por acá el tránsito no aminora.

El reto para el Gobierno federal estriba en bloquear las arterias por las que fluye un negocio que es más lucrativo y menos complejo que los enervantes o la cocaína, y ahora más demandado.

El fentanilo no precisa de grandes extensiones de tierra ni laboratorios apestosos. Un galón vale lo que toneladas de hierba o polvo. Encima de todo, al Presidente le ocupa, y hace bien, el destino de los miles de chapitos sinaloenses y de otras regiones, ante la debacle de su tradicional modus vivendi.

Sin otros datos. La consulta del domingo resultó poco popular. Victoria pírrica o derrota épica para activos y pasivos proponentes de justicia retroactiva. Fallida inauguración para la pretendida (y transformadora) sanación judicial transicional. Pie de casa para alguna comisión de la verdad inédita en México, por la factura plural que en otros lares ha demandado.

Ausencia más elocuente que la presencia. Lección plural y rédito político que capitalizan lo mismo en Palacio Nacional que en la cúpula del INE. Morena sin otros datos que salven el trance, y los ex sanos y salvos.

Para marzo del 2022 lo primero es concretar la otra imaginaria —hasta el momento— consulta popular; pendiente de los “tiempos del Legislativo”, diría Ricardo Monreal.

Revocación expansiva incluso a otros gobernantes que, como AMLO, crucen el ecuador de su mandato y sientan ganas de jugarse presente y futuro en las impredecibles y categóricas urnas electorales.

*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.