David E. León Romero

Tarea de todos

JUSTA MEDIANÍA

David E. León Romero*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
David E. León Romero
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • David E. León Romero

Cuando decimos que algo es tarea de todos, pareciera que no es responsabilidad de nadie. Sin embargo, en materia de Gestión Integral de Riesgos, la tarea sí es de todos. Los fenómenos naturales han incrementado su furia como consecuencia de los efectos del cambio climático.

Y sí, éste tiene una relación directa con las decisiones que todos tomamos. El impacto ambiental no reconoce fronteras y muchas de nuestras acciones se reflejan en la salud de nuestros ecosistemas. Sin embargo, para que la emergencia o el desastre sucedan, no basta con la aparición del fenómeno natural. Es aquí donde cobra sentido subrayar que los desastres no son naturales, como suelen bautizarlos numerosos voceros; los desastres son socialmente construidos, es decir, resultado de una serie de acciones y decisiones que el ser humano ejecuta.

La participación de todos a lo largo de las distintas etapas que constituyen la Gestión Integral de Riesgos resulta fundamental. No se pueden entender las labores de prevención solamente desde la arena del sector público. Al igual que no se puede entender la preparación previa a la aparición del fenómeno sin la participación puntual y eficiente de la sociedad civil. Por ejemplo, en esta etapa, cuando se requiere la habilitación de albergues temporales y la evacuación de la zona de riesgo, es fundamental la participación de las comunidades, autoridades e integrantes del sector privado para lograr poner a salvo a las familias.

Las Fuerzas Armadas mexicanas son especialistas en las etapas de preparación y atención de emergencias y desastres. Sus planes DN-III-E y Marina acumulan décadas de experiencia que ha sido compartida a otras instituciones de carácter nacional e internacional. Sin embargo, frente a la gran organización, disciplina y eficacia de los planes de nuestras extraordinarias Fuerzas Armadas, la participación de la iniciativa privada y la sociedad civil han complementado de manera sumamente importante las acciones de respuesta.

Pareciera, después de las dolorosas experiencias que históricamente hemos vivido, que debemos replicar nuestra enorme solidaridad, entusiasmo y experiencia de la etapa de la respuesta, a las etapas de previsión, prevención y mitigación. Qué decisiones y acciones estoy ejecutando que el día de mañana podrán estar construyendo riesgos y con ello construyendo emergencias y desastres que aparecerán cuando el fenómeno natural se presente.

Y la prevención no puede entenderse sin la participación de todos. Vayamos a un ejemplo sencillo. Si un fraccionamiento producto de la inversión privada, que requiere las autorizaciones del gobierno local, decide fincarse en una zona de riesgo, el desastre se presentará tarde o temprano. Si el inversionista se decide por un sitio seguro, si la autoridad niega las autorizaciones, si el comprador del bien inmueble se decanta por uno en una zona segura, el desastre difícilmente se presentará.

Hoy actores del sector público, privado y social están concentrados en el auxilio, recuperación y reconstrucción, etapas valiosísimas para las comunidades afectadas. Éstas, deberán considerar e involucrar a todos, buscando que las acciones que se emprendan mitiguen los riesgos, buscando que en la medida de lo posible, lo que Otis provocó, no se repita.