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Eduardo Nateras

Ansiado retorno a las aulas

CONTRAQUERENCIA

Eduardo Nateras
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Por:
  • Eduardo Nateras

Tras el anuncio del Presidente López Obrador de la intención de reanudar clases presenciales antes de la conclusión del presente ciclo escolar, Claudia Sheinbaum informó que el próximo 7 de junio se daría el retorno a las aulas en la Ciudad de México, tanto de instituciones públicas como privadas y de todos los niveles educativos.

Los anuncios se dieron bajo la premisa de que, para entonces —al menos— la Ciudad de México ya se encontrará en semáforo verde, aunado al avance en el programa de vacunación nacional que —además de los grupos de edad correspondientes— actualmente incluye de manera específica al personal de instituciones educativas. Sin embargo, con todo y que se plantea un retorno voluntario y paulatino, surgen muchas dudas sobre el momento y la forma de hacerlo.

Llama la atención que pretenda realizarse a un mes, aproximadamente, de concluir el presente ciclo escolar. Se habla de aprovechar este tiempo para evaluar el esquema de retorno y hacer los ajustes necesarios de cara al inicio del siguiente ciclo. Pero, retornar prematuramente por tener cuatro semanas de prueba, podría resultar muy costoso en términos de la planeación que implica y de una posible escalada en el número de contagios.

Además, retomar actividades presenciales con apenas un par de semanas para ajustar todo lo necesario, implica un esfuerzo titánico como para detener actividades tan sólo un mes después —o antes, incluso—, en caso de registrarse algún contagio. Simplemente baste considerar la logística detrás de un esquema híbridoo — como el planteado— en el que, independientemente del día asignado para tomar clases presenciales, se deberá atender y coordinar diariamente a las y los estudiantes y docentes que les corresponda permanecer en casa, a quienes les toque asistir a las aulas y a quienes, de plano, decidan no acudir aún.

Por otro lado, el espacio escolar es un sitio de convivencia en el que la propagación de enfermedades resulta común. Si bien el esquema de vacunación avanza y pronto podría quedar vacunada la mayor parte del personal de instituciones educativas, los contagios que puedan darse no se limitarían a la comunidad escolar y serían extensivos a los respectivos entornos familiares, conformados por personas que podrían no estar vacunadas todavía.

No cabe duda de que la impartición de educación en nuestro país es de los ámbitos más afectados tras este prolongado confinamiento, con costos altísimos en términos de deserción escolar y rezago educativo. Con el avance del programa de vacunación y la disminución de contagios y decesos a causa del Covid-19, resulta indispensable plantear escenarios de un eventual retorno a las aulas. Pero si alguna lección ha dejado el manejo de la pandemia en México, es sobre la importancia de actuar en los momentos precisos.

Urge volver a clases, pero a su debido tiempo. Mejor pensar en un retorno paulatino hasta el siguiente ciclo escolar —con una cobertura de vacunación aún mayor de la población—, que actuar precipitadamente, pues podrían echarse al traste meses y meses de una muy larga espera por regresar a las aulas.