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Eduardo Nateras

Política y farándula

CONTRAQUERENCIA

Eduardo Nateras
Eduardo Nateras
Por:
  • Eduardo Nateras

A poco más de cinco meses de la jornada electoral federal del 6 de junio próximo, en la que se renovará la Cámara de Diputados —además de diversos cargos locales y municipales—, distintos procesos ya se encuentran en marcha de cara a las elecciones.

Uno de estos procedimientos es el registro de aspirantes a obtener una candidatura. Tan pronto comenzó el proceso de registro, ha trascendido el nombre de múltiples personalidades que gozan de popularidad y que buscan ocupar un cargo de elección, pero cuya experiencia previa las sitúa muy lejos de la arena política, lo que no deja de ser motivo de sorpresa, crítica e, incluso, preocupación.

Si bien esta situación se replica elección tras elección, resulta particularmente relevante este fenómeno a partir de las más recientes experiencias —tanto nacionales como internacionales— en las que personalidades del mundo del deporte, los negocios o el espectáculo han alcanzado los máximos niveles de Gobierno, con resultados no menos que desastrosos. Como ejemplo tenemos a un cuatro veces mundialista en una gubernatura o a un impresentable empresario que recién dejó de dirigir a una nación entera.

Es cierto que nada asegura que determinada formación profesional, aparentemente más afín con el quehacer público, permita tomar mejores decisiones o entregar resultados más satisfactorios. Sin embargo, por simple probabilidad, determinados perfiles son más adecuados que otros para ejercer actividades públicas, pues —como sucedería con los aspirantes a cualquier otro trabajo— hay ciertas habilidades o aptitudes —ni qué decir de algo de experiencia— que se prefieren para ocupar un empleo que implica tomar decisiones que impactan la vida de millones de personas.

De parte de los partidos políticos, el motivo es muy simple, pues buscan contrarrestar con celebridades la desventaja que enfrentan respecto a sus rivales políticos en la preferencia del electorado, con la intención de que la popularidad de dichos personajes sea suficiente para atraer el número de votos necesarios para obtener triunfos electorales o, sencillamente, mantener el registro del partido. Esto, claro está, sin importar que las o los candidatos presentados no tengan la menor idea de cómo ejercer el cargo.

Lo que sí es motivo de análisis es explicar qué circunstancias motivan a que una mayoría ciudadana decida otorgarle su voto a este tipo de perfiles, por encima de las opciones ofrecidas por otros partidos. Si bien, buena parte de la explicación recae en la simple y llana identificación partidista —elegir al partido sin importar el candidato—, hay otros motivos tan relevantes como la desinformación, el desinterés, el hartazgo y, por supuesto, la ausencia de alternativas atractivas.

Así, mientras que actrices, actores, deportistas y cantantes no están limitados para dirigir distritos, estados o países enteros, sí resulta lamentable saber –clara y abiertamente– que los partidos políticos anteponen muchos otros aspectos al beneficio de la ciudadanía, en su ímpetu por obtener un triunfo electoral.