El Duende

El patito feo

DESDE LAS CLOACAS

*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
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Se ubica a sólo 14 kilómetros de una de las obras emblemáticas del sexenio y, desde 1987, forma parte de la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, pero no se encuentra entre los planes del Gobierno. Me refiero a Teotihuacán, en el Estado de México.

Lo que separa a las imponentes ruinas prehispánicas del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles es un monte y, oficialmente, la distancia antes mencionada.

Aunque hay que considerar que el área abierta a la visita pública tiene una extensión de 264 hectáreas, la extensión comprendida por la antigua ciudad fue mucho más amplia, tanto, que hasta el día de hoy habitantes de los pueblos vecinos siguen encontrando piezas arqueológicas en sus patios a la hora de construir una barda.

¿Por qué es relevante lo que le cuento? El decretazo con el que voluntariamente a fuerza, los vuelos de carga dejarán de llegar al Aeropuerto Internacional Benito Juárez y comenzarán a aterrizar en el AIFA a mediados de este año, afectará para mal dicha zona arqueológica.

Se espera que las naves industriales, para operar esas cargas y descargas, se instalen en la zona que separa al AIFA de Teotihuacán, y con ello se genere un impacto a gran escala en materia arqueológica.

¿Se consultó a especialistas en la materia? ¿Se avisó al Instituto Nacional de Antropología e Historia para que esté atento al rescate y preservación del patrimonio nacional?

Desde luego que no, esto a pesar de que —me cuentan fuentes en Palacio Nacional— desde que inició la construcción del aeropuerto, se presentaron proyectos para mejorar las condiciones de la zona arqueológica y abonar a su preservación.

Especialistas y académicos lo hicieron bajo la premisa y la esperanza, de lo que sucede en la península de Yucatán, donde las labores del INAH con el Tren Maya han sido descomunales y se han logrado rescates sin precedentes en la historia del país, pero lamentablemente en Teotihuacán no es así y se vuelve “el patito feo” de la historia.

El asunto es que a alguien, incluido el actual director del INAH, Diego Prieto, le parece bien que los 85 pesos por persona que se cobra por entrar a la zona es suficiente para la manutención de las pirámides. Sin contar que todo lo generado por los visitantes se deposita a la Secretaría de Hacienda y ésta, a su vez, sólo devuelve el 10 por ciento anual.

De ahí que la zona esté completamente olvidada, que los trabajadores tengan 14 litros de gasolina al mes por automóvil, que los baños estén en pésimas condiciones, que el comercio se apodere cada vez más del complejo turístico arquitectónico, y que se avecine la pérdida de la declaratoria de patrimonio mundial.

En el baúl: Hoy cumplo tres años de haber llegado a esta casa editorial. Agradezco infinitamente a sus directivos y colaboradores, por la oportunidad de tener este espacio. Desde aquí seguiré cuestionando a nuestra clase política, tratando temas de interés público y sobre todo, manteniendo el firme compromiso de informar. A usted querido lector, ¡gracias por su confianza!

Basta por hoy, pero el próximo lunes… regresaréeeeeeeee!!!