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El silencio innecesario

DESDE LAS CLOACAS

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Si usted entra a Palacio Nacional por la calle de Moneda, logrará encontrar primero, del lado derecho, el Patio Mariano y la entrada al Salón Tesorería, sede de las famosas mañaneras.

Si continúa caminando en dirección sur, también a su derecha, podrá ingresar al Patio Central y más al fondo se encontrará el Patio de Honor.

Ése es el lugar de las oficinas y de residencia del Presidente Andrés Manuel López Obrador, pero, también, es el sitio donde más descontento ha existido tras el largo silencio que se guardó con respecto al estado de salud del mandatario.

Me cuentan amigos que transitan por estos pasillos todos los días, que la determinación de guardar silencio sobre la salud del Presidente tras su contagio por Covid-19 caló hondo en una parte del equipo del Ejecutivo federal, los que desde el inicio de la pandemia e incluso desde el arranque de su administración han pugnado por un manejo “más responsable” de la comunicación presidencial.

Entre otras cosas, los descontentos ya se habían manifestado, por ejemplo, con la duración de las conferencias matutinas —algunas hasta de tres horas— y que han permitido que la imagen de AMLO se vaya desgastando. Cada vez más voces de su círculo cercano le piden parar la estrategia de paredón en que se ha convertido ese espacio de comunicación gubernamental.

Pasando por la ausencia de una campaña directa a principios del año pasado, que llamara a la población a tomarse en serio la epidemia de Covid-19 en el país, hasta la descalificación hacia la prensa y algunos medios, por no comulgar con las ideas de la llamada 4T, prefirieron apostar por mantener la cruzada contra el uso de drogas, mientras que la inminente llegada de una epidemia mundial se acercaba peligrosamente a nuestro país.

Dicho sea de paso, ni quién se acuerde de ese dispendio de recursos en tiempos del Estado, que el área de Comunicación Social del Gobierno pudo emplear desde el principio para llamar al uso del cubrebocas, a mantener sana distancia y a no salir de casa, y así mandar un mensaje claro de que la prevención también era parte de la Cuarta Transformación.

En lugar de eso, hoy se lanzan malabáricas explicaciones de por qué llegamos a los 160 mil muertos, atribuciones de “fuerza moral” y, para rematar, un silencio oscurantista que hace parecer que el Presidente ya se le escondió a su pueblo.

Según estas fuentes al interior de Palacio, la determinación de guardar silencio se interpretó dentro del equipo como una decisión que obedeció más al ámbito del círculo próximo presidencial —a través del cual ya se han tomado otras decisiones— y que no se tomó con la seriedad que demanda un asunto de interés público y de relevancia incluso internacional.

Qué bueno que el Presidente haya superado la etapa más crítica de la enfermedad, ojalá que, como él, todos los que se contagian corran con la misma suerte, pero lo que más deseamos es que con la experiencia propia y este aviso de que el virus toca a cualquier puerta cambie la estrategia y deje de minimizar la realidad, aunque eso se ve más lejano.

Ese silencio, nos ha confirmado que los ciudadanos estamos solos frente a la tragedia, como lo hemos estado ya en otras catástrofes. Así que no nos queda más que cuidarnos y cuidar de los nuestros, guardarnos y ser responsables. El silencio desde Palacio ha sido la exhibición patente de todas las equivocaciones con que se ha manejado la pandemia, y significó que la situación rebasó al propio Gobierno, pero a nosotros, a los ciudadanos no nos debe superar.