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Guillermo Hurtado

Los dos discursos del bloque opositor

TEATRO DE SOMBRAS

Guillermo Hurtado
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Por:
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La alianza del PRI-PAN-PRD se plantó frente a Morena y descalificó a todos los demás partidos. Desde ese punto de vista, la elección del 6 de junio pasado se redujo a una opción binaria entre ellos, el PRI-PAN-PRD, y todos los demás.

Podemos distinguir dos vertientes dentro del bloque opositor. La primera se basó en el discurso de que la votación consistía en una elección entre democracia y dictadura. A esta vertiente del bloque opositor la llamaré extrema. La segunda vertiente, a la que llamaré moderada, se basó en el discurso de que la votación consistía en una elección entre un gobierno sin contrapesos y uno con contrapesos.

Aunque puedan parecer lo mismo, no lo son en lo absoluto. El primero manejó el fantasma de Venezuela. Votar por el PRI-PAN-PRD era votar para que México no se convirtiera en algo parecido a un régimen como el venezolano. El segundo manejó el fantasma del viejo PRI. Votar por el PRI-PAN-PRD era votar para que México no volviera a ser algo parecido al régimen priísta del siglo anterior, en el que el poder estuvo concentrado en un partido hegemónico presidencialista.

De acuerdo con el primer discurso, el extremo, López Obrador es un equivalente de Nicolás Maduro. De acuerdo con el segundo discurso, el moderado, López Obrador es un equivalente de Luis Echeverría.

¿Cómo analizar los resultados electorales desde la perspectiva de estos dos discursos de la oposición?

Si la elección del 6 de junio era la última oportunidad para que México no se convirtiera en Venezuela, entonces, los resultados fueron un fracaso para la oposición. Los votantes no compraron el argumento extremo: millones siguieron votando por Morena. El único resultado que pudo haber dejado satisfechos a los defensores del argumento extremo era probar que los mexicanos aman la democracia y repudian la dictadura. Y ante esa coyuntura tan dramática, la votación por el bloque opositor del PRI-PAN-PRD debió haber sido arrolladora.

Desde la perspectiva moderada, los resultados de la elección del 6 de junio no fueron un fracaso. No ganaron la mayoría en el Congreso, pero, por lo menos, lograron que Morena no tuviera la mayoría calificada que le hubiera permitido modificar la Constitución a su antojo. El objetivo principal, construir un contrapeso al régimen, apenas se alcanzó, pero manejado de manera inteligente puede generar en un nuevo balance de poder que le sirva a la democracia mexicana.

Estos dos discursos de la oposición pudieron convivir —no sin tensiones— en la elección pasada, pero será muy difícil que puedan hacerlo en la siguiente. Detrás de cada uno de ellos se dejan ver concepciones sobre México y sobre la política muy diferentes.

Me inquieta que la vertiente extrema no quede satisfecha con el resultado de la elección y piense que no sirvió para impedir que, tarde o temprano, López Obrador se convierta en otro Maduro y México en otra Venezuela. Detrás de esta vertiente extrema, se agazapan tendencias ultraderechistas que pueden derivar en peligros para la democracia mexicana.

El bloque opositor tiene mucho que pensar y, sobre todo, mucho que hacer de aquí a la siguiente elección presidencial.

¿Seguirán formando una alianza o se convertirán en un solo partido? Una ventaja de la alianza es que cada uno puede seguir preservando sus diferencias, pero la desventaja es que difícilmente podrán ofrecer un proyecto coherente, sólido y propositivo para la elección del 2 de junio de 2024.

¿Seguirán formando un bloque o competirán cada uno por su lado? Una ventaja de seguir siendo bloque es que podrán sumar más votos, siempre y cuando sigan siendo votos negativos al régimen, pero la desventaja es que tendrán que restar los votos negativos a los partidos con los que van juntos. Por ejemplo, el PRD es un partido en agonía. ¿Qué ganan PRI y PAN con esa alianza de aquí a la próxima elección? Si de sumar votos se trata, sería preferible que buscaran una alianza con el Verde o con Movimiento Ciudadano o incluso con ambos. Por otra parte, el PAN demostró en la elección anterior que sigue con mucha presencia en el electorado. ¿Le conviene seguir aliado al PRI? ¿No podría buscar ganar la elección de 2024 con sus propias fuerzas, sin tener que aliarse con su contendiente histórico?