Martes 24.11.2020 - 06:42

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Guillermo Hurtado

Libertad e improvisación

TEATRO DE SOMBRAS

Guillermo Hurtado
Guillermo Hurtado
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En mi artículo del sábado anterior, sugerí una manera de entender a la persona como algo semejante a una melodía. Esta idea me nació de la lectura de la Estética de José Vasconcelos. Para Vasconcelos, la realidad entera es como la música: ritmo, melodía, contrapunto. Yo no adopto esta ontología general, aunque me parece que, en el caso de las personas, resulta reveladora.

Las personas no son cosas y ni siquiera son seres humanos, es decir animales de la especie homo sapiens. Para ser exactos, las personas son modos de la existencia de los seres humanos. Si las personas son como melodías, entonces sus criterios de identidad a través del tiempo no serán los mismos que los de las entidades físicas normales.

Surge, sin embargo, una objeción: una misma melodía puede ser interpretada por más de un instrumento. “Eine kleine Nachtmusik” de Mozart puede tocarse en piano o en violín, por la mañana o por la tarde, en México o en Singapur. Sin embargo, suponemos que una persona es un individuo, es decir, que no puede haber más de un ser humano que sea la persona X. Esto nos obliga a afirmar que cada persona es como una melodía única e irrepetible porque el ser humano que la toca es único e irrepetible y porque la circunstancias en las que ese ser humano entona su melodía personal también son únicas e irrepetibles. Esto significa que la persona no es una melodía simple, sino algo más parecido a la ejecución de una melodía, que aunque tenga más o menos las mismas notas que otras, nunca es, exactamente, idéntica a ellas. Es un hecho que hay personas que son muy parecidas a otras, es decir, que tienen casi las mismas creencias, deseos, características, no obstante, cada una de ellas es diferente en sus detalles.

Las personas no son cosas y ni siquiera son seres humanos, es decir animales de la especie homo sapiens. Para ser exactos, las personas son modos de la existencia de los seres humanos. Si las personas son como melodías, entonces sus criterios de identidad a través del tiempo no serán los mismos que los de las entidades físicas normales

Esto nos obliga a afinar la hipótesis original. Una persona es como la interpretación de una melodía, indeterminada de origen, cuya identidad a través del tiempo se fija por la continuidad y coherencia que hay entre sus momentos. He aquí que se puede plantear una segunda objeción a mi tesis original. Mi amigo Gregory Pappas, distinguido filósofo boricua, me escribió para señalarme la importancia de la improvisación en la concepción de la persona que esbocé el sábado anterior. Una persona, me dice, no es únicamente como una melodía, sino además, y quizá de manera más profunda, es como una improvisación; por ejemplo, de jazz.

Un saxofonista toca en las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México.Foto: Cuartoscuro

Me parece que la sugerencia de Pappas tiene mucha tela de donde cortar. Algo que me parece atractivo es que se puede improvisar solo, en pareja o en grupo. Una improvisación no surge de la nada, parte de una base y sigue, por lo general, ciertas reglas aceptadas con anterioridad. La improvisación no es como una búsqueda, no se sabe con anticipación a dónde llegará el camino, la improvisación es, más bien, como un descubrimiento, no sólo de una senda nunca antes recorrida, sino de las posibilidades guardadas dentro de uno mismo, dentro de la pareja y dentro del grupo. Cuando se hace en pareja o en un grupo, la improvisación es una especie de conversación. En una improvisación a veces uno sigue a otro. Es más, lo acompaña en su trayecto. En otras ocasiones, los dos músicos avanzan por trechos, a veces uno, a veces otro, el descubrimiento es tarea compartida.

Mi amigo Gregory Pappas, distinguido filósofo boricua, me escribió para señalarme la importancia de la improvisación en la concepción de la persona que esbocé el sábado anterior. Una persona, me dice, no es únicamente como una melodía, sino además, y quizá de manera más profunda, es como una improvisación; por ejemplo, de jazz

Una de las características fundamentales de una improvisación es la libertad de quienes la practican. En este punto, la analogía con la persona es muy importante. No existe en algún lugar del universo una partitura que diga cómo será la vida entera de una persona. Es ella la que se auto-constituye y la que decide en cada momento cómo orientar su existencia. Como en una improvisación musical, todo dependerá de sus capacidades físicas —hay instrumentos más versátiles que otros— y de sus capacidades creativas –hay músicos más talentosos que otros—; y, por supuesto, también tendrán que tomarse en cuenta otras determinantes externas. Por otra parte, así como se puede improvisar en solitario o en compañía, la libertad puede ser una elección individual o una elección colectiva. Pensar en la libertad como una improvisación vital puede arrojar mucha luz a algunos de los problemas centrales de la filosofía.