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Horacio Vives Segl

Elecciones en Chile: certezas e incertidumbre

ENTRE COLEGAS

Horacio Vives Segl
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Por:
  • Horacio Vives Segl

El fin de semana pasado, luego de unas semanas de aplazamiento por un nuevo brote de Covid que azotó al país, en unas elecciones inéditas que se desarrollaron en dos días de jornadas comiciales, tuvo lugar un proceso histórico en Chile.

No sólo porque estuvieron en juego las gubernaturas y cargos municipales, sino sobre todo porque se seleccionó a los 155 integrantes que conformarán la Convención Constitucional que tendrá como propósito dar al país una nueva constitución —para reemplazar a la pinochetista, sancionada en 1980 y que, a pesar de las reformas que ha tenido, mantiene importantes enclaves autoritarios que están por desaparecer—, y porque es la primera vez en la historia mundial que una asamblea constituyente tendrá una integración mayoritariamente femenina: 81 mujeres y 74 hombres.

El resultado del fin de semana es, por decir lo menos, sorpresivo. De nueva cuenta, las encuestas fallaron en hacer la proyección del resultado. El oficialismo, que había tenido el acierto de presentar una lista única, terminó con el peor desempeño electoral para opciones de derecha desde la transición a la democracia. Arrastrada por la impopularidad del presidente Sebastián Piñera, la coalición de derecha (lista Vamos por Chile) tenía que alcanzar la cifra de 52 escaños para poder incidir en los contenidos de la nueva constitución —en una suerte de continuidad de las prácticas de acercamiento, negociación y vetos, tan características de la política chilena—. Y esa catástrofe electoral se reflejó también en las gubernaturas, alcaldías y concejalías, con derrotas en distritos clave como Viña del Mar, Maipú y Ñuñoa.

A la lista de centroizquierda (Apruebo), que abanderaban principalmente los remanentes de lo que fueron los gobiernos de la Concertación, protagonistas de la transición democrática, también le tocó un duro revés electoral: apenas alcanzó 25 escaños, por debajo de la izquierda antiliberal (lista Apruebo Dignidad), integrada por el Partido Comunista y el Frente Amplio. La gran sorpresa de los comicios: el bloque más numeroso, aunque no mayoritario, para la integración de la Constituyente lo representan los independientes, que serán 45. Finalmente, hay que sumar los 17 escaños reservados a representantes de los pueblos originarios. La conclusión es clara: los referentes tradicionales de la representación política en Chile quedaron lejos de atraer a los votantes. Y el gran desafío es que el bloque más numeroso llegará a redactar la nueva constitución partiendo de una agenda demasiado variopinta de intereses.

Chile está a las puertas de un nuevo ciclo de cambio en su historia política. Lo que es un hecho es que el modelo de país en el que los acuerdos políticos para mantener la gobernabilidad entre las fuerzas de centroderecha y de centroizquierda —corresponsables de la transición y de consolidar cuatro décadas de gobiernos democráticos— está en peligro de extinción. Pareciera que la nueva clase política en Chile será generacionalmente más joven, más radical, anti establishment y con una agenda de país por ahora con muchas objeciones y pocas definiciones. El resto del mundo mira con interés y curiosidad el emergente diseño institucional que habrá de regir a las siguientes generaciones de chilenos.