Javier Solórzano Zinser

Entre universitarios y Reyna

QUEBRADERO

Javier Solórzano Zinser*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Javier Solórzano Zinser
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Javier Solórzano Zinser

No hemos dejado de estar en estos años en donde la “verdad” se ha convertido en un concepto extremadamente relativo. 

Un ejemplo más lo tuvimos en la mañanera de ayer en la que una destacada periodista, Reyna Haydee Ramírez, le planteó diferentes cuestionamientos al Presidente, los cuales no alcanzaron a tener una respuesta contundente. Se le dieron vueltas, pero al final, todo terminó en una suerte de palabra contra palabra, sin pasar por alto que la periodista fue insistente presentando argumentos y cuestionamientos serios y atendibles.

No suele suceder que en las mañaneras se puedan presentar este tipo de ejercicios, porque el Presidente tiende a acotar ciertos cuestionamientos con evasivas o cerrándolos de tajo.

Lo de ayer es importante, porque muestra la relevancia que tiene discutir y presentar argumentos para conocer lo que, a pesar de la exposición diaria del Presidente, no se llega a conocer en el fondo lo que realmente piensa el Presidente y si tiene respuestas a las preguntas que no son a modo. Ayer, López Obrador buscó en una reportera la respuesta a los cuestionamientos que se le estaban haciendo, lo cual no necesariamente resolvió la discusión; quedó la impresión de que no fue una mañana fácil para el Presidente.

López Obrador no es muy afecto a los debates cuando los temas son escabrosos. Ofrece respuestas que no son directas y además tiene una gran capacidad para mostrar situaciones alternativas, que en muchos casos se convierten en evasivas o en el afamado “tengo otros datos”.

Si se equivoca o hace un juicio sin tener toda la información, busca la manera de que el tema pase de largo y difícilmente reconoce que pudo haberse equivocado.

Hace unos días se refirió al asesinato de seis universitarios de Celaya. Las razones que ofreció, con pocos días de haberse dado el lamentable suceso, fueron que los jóvenes habían buscado droga para su consumo en territorio que podríamos definir como equivocado.

La “verdad” para buena parte de la población fue que los jóvenes estaban metidos en asuntos que provocaron su brutal asesinato. El Presidente no reculó ni volvió a hacer referencia al tema. Las cosas adquirieron otra dimensión cuando se demostró con toda claridad que los jóvenes no estaban buscando droga, no eran consumidores y que además fueron asesinados por razones que estamos esperando conocer.

Las familias han reclamado en serio lo expresado por el Presidente quien, por lo que se ve, no ha hecho acuse de recibo. Todo sigue en los terrenos de una “verdad” de una mañanera que ha sido claramente demostrado que no lo era. Seguimos estando en tiempo de que el Presidente ofrezca una disculpa a las familias porque para buena parte de la población resulta que los jóvenes fueron asesinados por intentar comprar droga. De nuevo entramos en los muy lamentables terrenos que hemos padecido estos años de revictimizar a las víctimas.

Es lógico y necesario que muchos asuntos que vivimos se vean bajo diferentes perspectivas. El punto de partida sigue siendo la descomposición social y lo que de ella emana. Sin embargo, es una constante la falta de elementos por parte del Gobierno para al menos atemperarlos.

Ayer el Presidente, en el interesante duelo que se presentó en la mañanera, aseguró que la gente piensa que las cosas en materia de seguridad son diferentes. La cuestión está en que en la mayoría de las encuestas serias se sigue colocando a la inseguridad como eje central en sus vidas en el cual están atrapadas.

En esta parte final del sexenio, el Presidente va a tener ante sí cada vez más lances como los referidos. No va a bastar con su palabra, porque a muchas familias les rodea la terca realidad que por más que quiera cambiarse en la narrativa es terca y es real.

RESQUICIOS.

La designación de la ministra de la Corte quedó donde menos convenía. El Presidente tendrá que nombrarla de manera directa, porque no hubo acuerdo. Será la primera vez en la historia, lo cual no es una buena noticia.