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Mónica Garza

No todo es Covid-19

GENTE COMO UNO

Mónica Garza
Mónica Garza 
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Mónica Garza

Mas de 3.2 millones de contagios confirmados y más de 255 mil muertes por Covid-19 en México, ha hecho que desde el 2019 tengamos toda nuestra atención y nuestros temores puestos en este virus, como si hubieran desaparecido nuestras demás vulnerabilidades como seres humanos.

La Covid-19 ha invadido hasta nuestros cajones, hoy llenos de cubrebocas que nos asfixian la respiración y el pensamiento. El virus invade nuestra conversación diaria, se mete en nuestro insomnio, y hasta en el derecho de admisión en nuestro nuevo entorno, donde el “alto riesgo” ya es otro.

Estamos secuestrados por la Covid-19 y hasta medio enamorados del secuestrador, que para muchos ha resultado conveniente para tomar decisiones de existencia, en “prevención” de estar ante el último día de una vida, que siempre ha sido igual de frágil, pero hoy se nota más.

La vacunación ha sido un pequeño respiro, pero también la llamada de atención para ver lo que no es Covid-19 y lo vulnerada que nuestra sociedad está, por ejemplo ante los 33 millones de mexicanos que no tienen afiliación a servicios de salud —26% de la población total— de acuerdo a la organización México Evalúa.

De los 56 millones de personas que sí cuentan con una afiliación al IMSS, ISSSTE, ISSSTE estatal, Semar y Sedena; el 34% ha recurrido a servicios privados —como consultorios dependientes de farmacias— por la insuficiencia de atención sanitaria.

65% de los solicitantes de servicios como consultas médicas, ha sufrido cancelaciones o reprogramación en más de una ocasión, impidiendo una correcta continuidad a sus otros padecimientos.

Entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, México es el que menos invierte en salud. Únicamente 2.8 % del PIB, sobre el 6% recomendado —sin Covid-19—, razón de las grandes deficiencias en nuestro sistema de salud, que hoy tiene la mayor parte de sus recursos puestos en el coronavirus, que es sólo uno de los muchos padecimientos graves que atacan a los mexicanos.

En 2020 se dieron 168 mil 173 consultas para atender cáncer de mama y cervicouterino en unidades de la Secretaría de Salud y de Servicios Médicos Estatales y Municipales, lo que equivale a menos de la mitad (43%) del total de consultas otorgadas un año antes.

Una joven recibe la vacuna anti-Covid, en la alcaldía Tlalpan, en la CDMX.Foto: Cuartoscuro

¿Resultado? Estos tipos de cáncer siguen siendo la primera causa de muerte en lo que respecta a tumores en mujeres.

En las 101 Unidades de Especialidades Médicas en Enfermedades Crónicas de la Secretaría de Salud, que atienden pacientes con diabetes, hipertensión, obesidad y dislipidemia, también se redujo la atención el año pasado en un 49% con respecto a 2019.

El Inegi reveló en su último informe en Julio pasado, que se registraron en México 218 mil 885 defunciones relacionadas con enfermedades del corazón; además el 70% de la población entre 45 y 65 años, tiene al menos un factor de riesgo cardiovascular.

La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2020 y la Medición multidimensional de la pobreza en México 2020, señala que el gasto en cuidados de salud ha aumentado un 40% para los mexicanos, siendo el gasto en medicamentos el rubro que más aumentó, con un 67%.

Sobre la falta de medicamentos, el colectivo Cero Desabasto señala que entre 2019 y el 2021 se reportan 4 mil 504 denuncias en 30 estados del país. El informe que elaboraron en junio pasado, apunta que solo en el primer cuatrimestre de 2021 se registraron 773 casos y el 31% de ellos están en la Ciudad de México.

En este sentido, el IMSS es la instancia que tiene más reportes de desabasto con 43% de las quejas entre enero y abril de este año; ISSSTE con 28% y el Insabi con el 21%.

La diabetes es la enfermedad con mayor número de quejas, con uno de cada 5 reportes, pacientes con cáncer y enfermedades reumatológicas como lupus o artritis, son los otros padecimientos en los que el desabasto de medicamentos implica una baja considerable en la calidad de vida de los pacientes.

Así que mientras los reflectores siguen únicamente sobre la Covid-19, otros demonios rondan las camas de los hospitales, aprovechando una distracción presupuestal —y groseramente política—, para llevarse otras muchas vidas que pudieron ser salvadas.