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Montserrat Salomón

Por la solidaridad global

POLITICAL TRIAGE

Montserrat Salomón
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Por:
  • Montserrat Salomón

En las últimas décadas hemos visto cómo surgen grandes emporios y cómo la desigualdad social crece, aunque el mercado siga generando grandes dividendos. Los ricos se han hecho más ricos y los pobres cada vez están más hundidos en su miseria. Vemos cómo las empresas generan millonarias ganancias que se llevan a paraísos fiscales dejando los territorios explotados sin nada, con poblaciones cada vez más económicamente dependientes e instituciones endebles.

Estos males del capitalismo salvaje han sido señalados por políticos como Bernie Sanders, que ha hecho de su crítica a la acumulación del dinero por la cúpula empresarial su bandera. Junto a él se aglutinan una gran cantidad de jóvenes que están hartos de un sistema que genera dinero, pero no lo reparte; que genera ganancia en países pobres, pero que se vale de argucias financieras para no dejar nada para ellos. Sanders propuso en su candidatura presidencial medidas dramáticas para acabar con esto, lo que le costó perder el centro político al considerarlo demasiado radical.

A diferencia de Sanders, Joe Biden pretende atajar este problema desde las mismas reglas del capitalismo. Alejándose de las políticas de Trump que frenaron cualquier intento de acuerdo internacional para parar la especulación financiera y los juegos de evasión fiscal de las transnacionales, Biden ha puesto sobre la mesa una tasa mínima global que dinamite los paraísos fiscales y que promueva que las empresas paguen impuestos ahí donde producen sus ganancias.

Aunque esta propuesta se ha trabajado por años en la OCDE, no había contado con la voluntad política para llevarse a cabo. Ahora, el apoyo de EU y la crisis, producto de la pandemia, podrían ser los factores decisivos para aprobar esta iniciativa que le cambiaría la cara al negocio internacional y al mundo globalizado.

La pandemia nos ha dejado claro que, incluso en los países defensores del capitalismo, es necesario un Estado que pueda garantizar un mínimo bienestar a sus ciudadanos. Sistemas de salud robustos y educación de calidad modernizada con tecnología que permita llegar verdaderamente a cada rincón del planeta son ejemplos de lo que debe existir en cada país y que necesita ser financiado por fondos públicos.

Las dolorosas brechas que ha expuesto el Covid-19 incluso en los países desarrollados tienen que ser atendidas. Es momento de replantearnos políticas internacionales que apunten al bien común y a generar un sistema de reparto económico más equitativo y justo. El sufrimiento que hemos vivido con esta enfermedad y la crisis sanitaria y económica que se está gestando con ella pueden ser el acicate para lograr un empuje solidario entre los gobiernos y la cúpula empresarial internacional. Esperemos que así sea.