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Polanco en semáforo rojo

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Obdulio ÁvilaLa Razón de México
Por:
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El asesinato del restaurantero franco-mexicano Baptiste Jacques Daniel Lormand y su socio Luis Orozco Navidad, quienes fueron privados de la vida salvajemente por delincuentes que los despojaron de botellas de alcohol de alta gama, ha puesto a Polanco en rojo y no por la pandemia.

Como colofón, posteriormente, el conductor de un Lamborghini colisionó y dañó bienes en la zona.

Sin embargo, la duda del móvil se incuba con la pregunta, ¿unas botellas de alcohol de alta gama provocan que las víctimas sean atrozmente golpeadas antes de ser ultimadas? Las instituciones de seguridad y persecución de los delitos actuaron pronto para ubicar, aprehender e iniciar el procedimiento correspondiente al responsable, ahora falta una narrativa del caso creíble y consistente.

La muerte ocasionó una marcha que unió a restauranteros y vecinos clamando seguridad y justicia. Dos grupos normalmente antagónicos en la colonia caminaron juntos para exigir a la autoridad que el crimen no quedara impune y en solidaridad con el conocido empresario.

Inmediatamente hubo señalamientos que en la zona se pagan tres tributos: el impuesto legal, el derecho de piso de la delincuencia organizada y las extorsiones y tarifas a establecimientos mercantiles por parte de la autoridad local. Pero más tardó en expresarse esta acusación que en ser refutada por el Gobierno de la ciudad, el de la alcaldía y los mismos restauranteros.

Para encontrar la verdad, existen diversos métodos. Sin embargo, quedémonos por el momento, con la expresión del escritor español del Siglo de Oro, Francisco de Quevedo: Nada es verdad, nada es mentira, todo depende del color del cristal con que se mira. Lo primordial son los hechos, dos lamentables muertes, presuntos responsables capturados y un proceso penal iniciado. La sociedad espera una sanción severa. Ningún robo puede quedar impune, mucho menos uno que arrastró muerte, orfandad y desasosiego.

Polanco es un referente internacional que debe motivar a la autoridad pública a concentrarse en sus múltiples problemas y prevenir hechos delictivos que lesionan su imagen, ahuyentan inversión, comensales y turistas y aumentan la ansiedad social en un encierro que parece interminable.

La icónica colonia capitalina cuenta con una larga lista de asuntos que no integran la nota roja y esperan atención, discusión y solución.

La autoridad gubernamental debe encabezar mecanismos con los grupos vecinales y empresariales, que permitan pactar una colonia con un espacio público ordenado y conforme al ordenamiento jurídico; en los establecimientos mercantiles con el ruido y basura que generan y enseres que usan; la regularidad de las construcciones y sus horarios, comercio ambulante, vigilancia estricta de la compañías que instalan fibra óptica en calles recién remozadas, casetas telefónicas y buzones postales inservibles, incumplimiento en el destino de los ingresos de los parquímetros, publicidad ilegal, y un largo etcétera.

El polanqueño es un activo defensor de su entorno y sus derechos, es hora de hacer más comunidad y mejorar los servicios.