Rafael Rojas

Jaque al interamericanismo

APUNTES DE LA ALDEA GLOBAL

Joe Biden, el presidente de EU, durante una conferencia el pasado martes.*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Joe Biden, el presidente de EU, durante una conferencia el pasado martes.
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Foto: AP
Por:
  • Rafael Rojas

Desde diciembre del año pasado, cuando la conferencia virtual sobre la democracia, de la que fueron excluidos ocho gobiernos latinoamericanos, Joe Biden mostró una visión de América Latina y los asuntos hemisféricos más cercana a Donald Trump que a Barack Obama. Al lanzar la convocatoria de la novena Cumbre de las Américas, en Los Ángeles, el Departamento de Estado, que encabeza Antony Blinken, corrigió en parte aquel enfoque excluyente, aunque mantuvo el veto contra Venezuela, Nicaragua y Cuba.

Al hacerlo, otra vez, Biden actuó más en continuidad con el trumpismo, en un momento que demandaba unidad frente a la invasión rusa de Ucrania. La manera en que Obama enfocó la Cumbre de Panamá, en 2015, fue que todos los gobiernos de la región, aunque no fueran democráticos, debían estar presentes. Washington respaldaba la Carta Democrática en la OEA y otros foros hemisféricos, pero a la Cumbre de las Américas tendrían que asistir todos los estados.

López Obrador ha fijado en la buena relación con Estados Unidos el eje de su política exterior. Sobrellevó esa relación con Trump, a pesar del racismo y la xenofobia antimexicanas del mandatario, y firmó con la administración Biden el ambicioso “entendimiento bicentenario”

En los últimos meses, varios gobiernos y cancillerías de la región han intentado convencer al gobierno de Biden de que amplíe la convocatoria de Los Ángeles. Hace apenas una semana, el Grupo de Puebla hizo un llamado a Estados Unidos para que busque la inclusión total. En medio de esas negociaciones, el presidente Andrés Manuel López Obrador, recién llegado de La Habana, condicionó públicamente su presencia a la de Cuba, Venezuela y Nicaragua, con lo cual rompió los canales diplomáticos y pasó de la persuasión a la presión mediática.

La decisión del Presidente mexicano ha sido aplaudida por varios líderes y gobiernos del bloque bolivariano que, hasta ahora, no habían mostrado mayor interés en asistir a la cita de Los Ángeles. Por lo general, la línea bolivariana oscila entre el boicot y el aprovechamiento del foro para confrontar a Estados Unidos, como sucedió en las cumbres de Trinidad y Tobago en 2009 y Panamá en 2015, en las que Hugo Chávez y Rafael Correa polemizaron con Obama.

López Obrador ha fijado en la buena relación con Estados Unidos el eje de su política exterior. Sobrellevó esa relación con Trump, a pesar del racismo y la xenofobia antimexicanas del mandatario, y firmó con la administración Biden el ambicioso “entendimiento bicentenario”. No sólo eso, de diversas maneras, a través del Grupo de Puebla o de su vínculo preferente con los presidentes Alberto Fernández de Argentina y Pedro Castillo en Perú, se mantuvo a distancia prudencial del bloque bolivariano.

En su reciente viaje por Centroamérica, AMLO llamó a enfrentar el problema migratorio regional en colaboración con Estados Unidos y reiteró la idea de una integración de las dos Américas a partir del modelo de la Unión Europea. En La Habana, textualmente dijo que trataría de convencer a Biden de que la Cumbre de las Américas contara con la representación total de América Latina y el Caribe.

En su reciente viaje por Centroamérica, AMLO llamó a enfrentar el problema migratorio regional en colaboración con Estados Unidos y reiteró la idea de una integración de las dos Américas a partir del modelo de la Unión Europea. En La Habana, textualmente dijo que trataría de convencer a Biden de que la Cumbre de las Américas contara con la representación total de América Latina y el Caribe

¿Es el condicionamiento público de su asistencia a la reunión de Los Ángeles la mejor forma de conseguir ese objetivo? Todo parece indicar que no y que, lamentablemente, está siendo aprovechado por las corrientes autoritarias y geopoliticistas para hacer fracasar la cumbre. El condicionamiento, además, emplaza a algunos de sus aliados en la región, especialmente al presidente Alberto Fernández, en Argentina, que ejerce, además, la titularidad pro tempore de la CELAC.

Fernández no ha condicionado su asistencia a Los Ángeles y es muy probable que su posición sea seguida por varios gobiernos de ese foro. A pesar del poco tiempo que queda, no es imposible que el Departamento de Estado gire invitaciones a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua, para que envíen delegaciones a Los Ángeles. En ese caso, desaprovechar la oportunidad para insistir en la ruta interamericana será visto como una incongruencia y sólo reforzará los extremismos que, tanto en Estados Unidos como en América Latina, apuestan a la incomunicación y el enfrentamiento.