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Rafael Rojas

Vuelta a la diplomacia

VIÑETAS LATINOAMERICANAS

Rafael Rojas
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El informe del Departamento de Estado sobre las irregularidades en la investigación de los ataques sónicos en la embajada de Washington en La Habana facilita el avance hacia la recuperación de la senda del restablecimiento diplomático con Cuba. Varios legisladores de ambos partidos han retomado la iniciativa de la flexibilización en las últimas semanas y es inminente que la administración Biden-Harris regrese al camino emprendido por el presidente Barack Obama.

Tradicionalmente, las relaciones entre Washington y La Habana, al igual que las de México y Estados Unidos, se analizan en términos estrictamente bilaterales. Esa insistencia en el bilateralismo contribuye a que se pierdan de vista los efectos de la normalización diplomática a nivel regional y a que aparezcan, con frecuencia, visiones excepcionalistas, cuando no providenciales, sobre el vínculo entre dichos países.

El diferendo de Estados Unidos y Cuba ha durado demasiado y ha generado una pérdida de confianza mutua entre ambos gobiernos. Varios actores, a ambos lados del estrecho de la Florida, se han acostumbrado al conflicto y buscan capitalizarlo políticamente. No sólo los dos gobiernos, también la clase política cubanoamericana, el nuevo empresariado insular, las iglesias, la oposición interna y la propia ciudadanía de la isla y la diáspora se movilizan políticamente a favor o en contra del embargo.

De consolidarse la tendencia al restablecimiento de relaciones y la normalización diplomática, esos actores verán desestabilizadas sus perspectivas, tal y como sucedió en el segundo gobierno de Obama. Aún así, la vuelta a la normalidad reporta más ganancias que costos al conjunto de la sociedad cubana. Disponer de cauces diplomáticos no significa cancelar el conflicto bilateral sino administrarlo racionalmente.

El restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba tendría un efecto positivo en América Latina y la Unión Europea. Ambas regiones se han opuesto históricamente al embargo comercial y a las sanciones derivadas de la Ley Helms-Burton de 1996. La vuelta a la normalidad diplomática sería celebrada y acompañada por la mayor parte de la comunidad internacional.

En un momento de especial fragmentación regional en América Latina, la recuperación de los canales diplomáticos entre la isla y Estados Unidos facilitaría la rearticulación de estrategias del integracionismo latinoamericano y de la colaboración hemisférica o interamericana. La novena Cumbre de las Américas, que deberá celebrarse este verano, sería para Biden un escenario más favorable si incluyera la normalización con Cuba.

El embargo es una política arcaica y colonial, facturada en la Guerra Fría, que ni siquiera es útil o legítima para contener el rejuego geopolítico cubano o para alentar una democratización soberana en la isla. Para lo único que sirve el embargo es para justificar la represión en Cuba y para ganar votos en la Florida.