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Valeria López Vela

No más silencios: el juicio de la década

ACORDES INTERNACIONALES

Valeria López Vela
Valeria López Vela 
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Valeria López Vela

En el famoso libro Uniéndose a la Resistencia, Carol Gilligan sostiene que “tanto la voz, como el deseo de vivir en relaciones y la capacidad de resistir la falsa autoridad son condiciones inherentes a nuestra naturaleza humana”. Para la filósofa de Harvard, estas tres condiciones de desarrollo de la humanidad han sido negadas culturalmente para las mujeres.

De esta forma, las opiniones, ideas, conjeturas o dudas de las mujeres no suelen ser consideradas; esto, impacta negativamente la dinámica de interacción en las relaciones personales y sociales y, consecuentemente, inhibe la capacidad de resistir a las violencias, a los atropellos, a las injusticias. Todavía hoy, las mujeres tenemos que “ganarnos” el derecho a participar en las discusiones de la arena pública.

Por eso, la declaración de Sarah Ransome, en el juicio en contra de Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell, en Nueva York, cobra importancia. Se trata, sin duda, del juicio sobre violencia sexual más visible de los últimos años; además, nos da la oportunidad de reconocer los avances y detectar las fallas tanto del sistema de justicia como del reconocimiento de los derechos de las mujeres.

No es la primera vez que Ransome busca obtener justicia por violencia sexual; la primera vez fue en 1990 —cuando ella tenía apenas 14 años—. En aquella ocasión, la policía desestimó sus declaraciones y protegió al agresor. Como era de esperarse, la devastación moral y psicológica cobró factura en la víctima.

Años más tarde, Epstein, ayudado por Ghislaine Maxwell, utilizó a Ransome como parte de una red de tráfico sexual.

Maxwell está acusada de reclutar y preparar para tener relaciones sexuales a cuatro niñas menores de edad para Epstein entre 1994 y 2004; está acusada de seis delitos graves: conspiración para atraer a menores a viajar y participar en actos sexuales ilegales; incitación a un menor a viajar y participar en actos sexuales ilegales; conspiración para transportar menores con la intención de participar en actividades sexuales delictivas; transportación de un menor con la intención de participar en actividades sexuales delictivas; conspiración por tráfico sexual y tráfico sexual de menores. Por dichas acusaciones, Maxwell podría pasar hasta ochenta años en prisión, en caso de ser declarada culpable.

Epstein “se quitó la vida” en una cárcel de Manhattan en agosto de 2019, en condiciones sospechosas, días antes de su propio juicio por tráfico sexual. Por su parte, Ghislaine Maxwell fue detenida casi un año después, en New Hampshire.

El papel que jugó Maxwell fue el de reclutadora, normalizadora y gerente de la red de trata de menores. Fue testigo y cómplice de la manipulación, humillación y sometimiento sexual de Epstein, para los hombres más poderosos del mundo.

La prensa neoyorquina piensa que éste es el juicio de la década; puede serlo. Pero es más importante que tanto la voz, como el deseo de vivir en relaciones y la capacidad de resistir la falsa autoridad sean respetadas para Sarah Ransome, para todas las sobrevivientes y todas las mujeres.