Valeria Villa

Concentrarse, contar hasta 10 y tranquilizarse

LA VIDA DE LAS EMOCIONES

Valeria Villa *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Valeria Villa 
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Valeria Villa

El cansancio de los últimos 690 días se ha vuelto lo habitual. Parece que de esto se trata la nueva normalidad: la de quienes se contagiaron de Covid “leve” y ahora casi no pueden concentrarse y presentan un agotamiento físico y emocional inédito que no cede con el paso de los días. También estamos los que no nos hemos contagiado o tal vez hemos sido asintomáticos, sintiéndonos cada vez más raros cuando vemos un pico de contagio de 47 mil personas por día.

En la página del Gobierno de México sobre coronavirus (coronavirus.gob.mx) se sugiere ocuparse en actividades productivas y positivas, compartir tiempo con la familia, colaborar en las tareas del hogar, practicar la tolerancia y el respeto.

Compartir tiempo con la familia suena muy lindo de no ser porque los nuevos informes durante la pandemia revelan que la violencia de género se ha intensificado. Heidi Osuna, en su columna del 17 de enero para Opinión 51, reporta que este tipo de violencia afecta a 66 de cada 100 mujeres de 15 años o más y las solicitudes de refugio han aumentado en el último año.

La página advierte contra la llegada de “los villanos miedo, ansiedad y alejamiento”. Sugiere concentración, contar hasta 10 y tranquilizarse. Por si acaso, también está el 1-800 que es la línea de la vida. Éstas son las sugerencias del Gobierno de México para enfrentar cuadros de ansiedad, depresión y aislamiento. Concentrarse y tranquilizarse porque los servicios de salud están completamente rebasados. Basta con acercarse a una clínica pública para ver largas filas que alcanzan varias cuadras. La gravedad de la pandemia de salud mental probablemente será dimensionada más adelante. El miedo al contagio y la culpa del sobreviviente estarán presentes durante un tiempo, afirman especialistas de la Universidad Iberoamericana: “El espacio público, de por sí amenazado por la violencia y la desaparición forzada, se ha reducido aún más. La calle se convierte en un lugar amenazante, de incertidumbre y paranoia”.

Aunque debemos confiar en la capacidad para recuperarnos de la adversidad, sugerir concentración y un conteo hasta 10 es minimizar o casi desestimar el sufrimiento psíquico de la población.

El Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad (equide.org) realizó una indagación sobre los impactos del Covid-19 en México. En marzo de 2021, 64 por ciento de los hogares declaró tener menos ingresos que antes de la pandemia. Se estima que el porcentaje de personas en situación de pobreza puede haber llegado al 54 por ciento en marzo del año pasado, 12 puntos porcentuales arriba de los niveles de 2018. Es posible que estos números sean incompatibles con la sugerencia del gobierno mexicano de mantenerse productivos en un contexto de desempleo y desaparición de programas sociales no clientelares. En lo que se refiere a salud mental, 31 por ciento de la población presentó síntomas severos de ansiedad. Las más afectados son las mujeres y las personas que viven en pobreza. No se ve ni remotamente clara una política pública para atender a estas poblaciones de manera puntual. La ansiedad y la depresión se tratan con terapia, fármacos y actividad deportiva.

Es posible que la realidad económica haya influido en la decisión de continuar en semáforo verde en la Ciudad de México. La página del gobierno no está actualizada porque afirma que la nueva normalidad coexiste con el semáforo rojo. Estas contradicciones en las decisiones y el mensaje para la población, aumentan el monto de angustia porque ahora hay que enfrentarse al regreso de los niños a la escuela sin que estén vacunados. Aparentar que las cosas no son tan graves cuando sí lo son en el plano económico, social y emocional, es enloquecedor. Las mentiras con fines electorales y de popularidad no alcanzan cuando la pandemia y su impacto están fuera de control. Dejar al albedrío individual la gestión de una crisis de salud física y emocional sin precedentes es por decir lo menos, monstruosamente irresponsable.