Ecos de Centroamérica y el Caribe

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Foto: larazondemexico

La región centroamericana y caribeña ha estado bastante convulsa en los últimos días. Me refiero a dos acontecimientos puntuales: el ciclo de protestas que llevaron a la renuncia del gobernador de Puerto Rico y el acuerdo suscrito por el gobierno guatemalteco con Estados Unidos para “frenar” la migración hacia este país.

Soplido que reforzó vientos huracanados. La renuncia de Ricardo Rosselló no hizo más que confirmar la crónica de un mal gobierno, cuya falta de capacidad y previsión le hicieron ver su suerte desde sus comienzos, en 2017. Ese año tuvo que enfrentar dos desafíos monumentales: la crisis financiera y los estragos del huracán María. La condición de Estado libre asociado de Puerto Rico supone una dependencia política hacia Estados Unidos. A pesar de que a Rosselló le era particularmente compleja la relación bilateral, nada justifica el desdén con el que Trump lanzó la ayuda humanitaria, cual si fuera limosna, a la población afectada por el huracán. Rosselló consintió ese trato.

Los chats filtrados hace unos días, que tuvieron como consecuencia el ciclo de protestas y la posterior renuncia, reflejaron con claridad cuán sectario, discriminatorio, homófobo y misógino —entre otras linduras— era el discurso compartido por Rosselló y su entorno político inmediato. Una reflexión sobre este punto: se cumple ese principio que establece que, en política, ninguna conversación privada puede salir bien librada ante el escrutinio público; pero en una época en la que el lenguaje de odio y división es practicado y estimulado no en pocas ocasiones desde el poder público, ello no es condición suficiente para la desventura de un gobernante. Ahí está cada mañana Andrés Manuel López Obrador, mintiendo y descalificando a sus adversarios, o Trump, con sus desaforados tuits y su discurso misógino, racista, xenófobo y antiinmigrante… y a final de cuentas a los mandatarios mexicano y estadounidense no les pasa nada. Pero en Puerto Rico sí fue condición suficiente, y la exhibición de un comportamiento incorrecto tiró, de un soplido, a un gobernante incompetente, insensible y sumamente impopular.

La penosa capitulación de Morales. Ante las amenazas de Trump de represalias comerciales, aranceles, restricciones a las remesas y viajes de guatemaltecos a Estados Unidos, Jimmy Morales se apuró a ceder a la presión y firmar un acuerdo migratorio que, si bien no establece con todas sus letras que Guatemala será un Tercer País Seguro, políticamente ésa es la condición esperada. Resulta curioso que un juez federal norteamericano haya frenado el deseo de Trump de deportar a los migrantes que hayan ingresado a Estados Unidos sin la previa solicitud de protección en Guatemala. Ya la Corte Constitucional de Guatemala se había pronunciado en el sentido de que un acuerdo así debía acompañarse de la aprobación legislativa. A unos cuantos días de celebrarse la segunda vuelta de la elección presidencial, como Morales sabe que ya se va, no tiene reparos en apurar las últimas decisiones de su muy criticable mandato. Nada parecen importarle las obligaciones internacionales que podría asumir el Estado guatemalteco por muchos años más.

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Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón