La peste

VOCES DE LEVANTE Y OCCIDENTE

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“A partir de ese momento, se puede decir que la peste fue nuestro único asunto. Hasta entonces, a pesar de la sorpresa y la inquietud que habían causado aquellos acontecimientos singulares, cada uno de nuestros conciudadanos había continuado sus ocupaciones, como había podido, en su puesto habitual. Y, sin duda, esto debía continuar. Pero una vez cerradas las puertas, se dieron cuenta de que estaban, y el narrador también, cogidos en la misma red y que había que arreglárselas. Así fue que, por ejemplo, un sentimiento tan individual como es el de la separación de un ser querido, se convirtió de pronto, desde las primeras semanas, mezclado a aquel miedo, en el sufrimiento principal de todo un pueblo durante aquel largo exilio”.

Así describe Albert Camus en su libro La Peste, la epidemia que recorriera las calles de Oran, Argelia, a mediados del siglo XIX. Plagas, epidemias, pestes, formaron parte del imaginario colectivo de la humanidad por siglos; sin embargo, la medicina moderna acabó con las causas o encontró curas para varias de las enfermedades que decimaron ciudades enteras.

Sin embargo, a pesar de que el miedo al fin de la humanidad, como causa de una epidemia, dejó de ser una preocupación latente, cada una de las epidemias de las últimas décadas, sin importar el nivel de peligro real, despiertan en nosotros el miedo que generaciones nos han heredado a través del subconsciente. 

El pavor funciona de manera similar al miedo que provoca el terrorismo; todos sabemos que es un fenómeno menor, raro, frecuentemente con pocas víctimas. No obstante, el éxito del terrorismo no está en su letalidad, sino en su capacidad de mantenernos en un estado constante de pánico. Tal vez esta vez, nos preguntamos, la casualidad nos toque a nosotros.

Así que no importa que el coronavirus tenga una tasa de mortalidad de menos de 3.5 por ciento; o que en comparación con las grandes epidemias de cólera o de la peste, o incluso de la influenza, en donde millones murieron (se dice que en la peste negra del siglo XIV murieron 100 millones de personas), las casi 1,500 muertes por coronavirus parezcan un juego de niños. No. El poder del coronavirus no está en la letalidad de la infección, sino en sus efectos psicológicos.

El miedo a lo accidental, el pánico de viajar, las imágenes de los enfermos en cuarentena, en cruceros y hoteles que no salen de nuestra mente. Ésta es la verdadera peste.

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