Desaparecidos

AMLO-Peña Nieto
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No es sólo un grave problema que abruma y evidencia, es la manifestación más acabada de cómo las familias se rompen.

Las y los desaparecidos son más que un número, representan la adversidad bajo la que se vive en el país. Si bien es amplio el abanico de razones por las cuales se presenta este fenómeno, lo verdaderamente importante está en las condiciones económicas políticas y sociales que lo provocan.

El Gobierno está haciendo un esfuerzo para conocer a detalle lo que se vive, empezando por algo fundamental: hacer un inventario de las y los desaparecidos. Un elemento central es que se ha asumido el problema, lo que significa que se reconoce el hecho, que permite avanzar para enfrentar lo que hemos venido viviendo desde hace muchos años.

Los diferentes gobiernos mexicanos se la habían pasado negando el problema, lo que hacían era hablar de casos aislados, pero era evidente que estábamos y estamos en medio de un gravísimo problema que al no reconocerlo durante mucho tiempo terminó por ser un elemento para agudizarlo aún más.

En el absurdo, suponían que no hablar del problema era sinónimo de que no existía, siendo que la desaparición de personas se debía en buena medida a la responsabilidad de los gobiernos, federal y estatales.

Tampoco se reconoció durante mucho tiempo la migración forzada derivada de la acción y amenazas de la delincuencia organizada y también de los gobiernos en sus tres órdenes.

La vida de muchas familias se transformó de manera dramática y el Estado hizo caso omiso, sin cumplir con sus responsabilidades. La acción de la sociedad civil, hoy tan fustigada y señalada por el Gobierno, se convirtió en el elemento clave para denunciar y para la dolorosa búsqueda.

Si no hubiera sido por familiares y por un buen número de ONG el escenario sería más dramático y más angustiante. Éstas han sido las que han llevado materialmente de la mano a las autoridades, muchas veces en contra de su propia voluntad, a zonas recónditas para que les ayuden a encontrar a los integrantes de sus familias y a sus amigos. Fue lamentable e insensible cómo muchos gobiernos dejaron pasar el lacerante problema sin asumir su responsabilidad.

Confunden las reacciones de la presente administración al no darle peso y reconocimiento a las ONG; las cuales en muchas ocasiones fueron puestas como ejemplo por su trabajo, dedicación y vocación.

Cuando el Gobierno era oposición ponderó el trabajo de la sociedad civil, se reunía con ella e intercambiaba información en medio de ofrecimientos pensados hacia el futuro. Deberá reconocer la presente administración que las bases bajo las que está trabajando, en relación a las y los desaparecidos, tienen que ver con lo que a lo largo de muchos años han sufrido y hecho muchas familias y diversas ONG.

Todo indica que después de la desatención e irresponsabilidad de diferentes gobiernos hemos entrado en una etapa de conciencia y voluntad política. El informe que presentó Alejandro Encinas, siempre atento y con compromiso ante el tema, debe ser de una vez por todas el punto de partida de la responsabilidad que deben asumir los gobiernos.

El escenario debería llevar a procesos de comunicación y actitudes diferentes del Gobierno ante las ONG. En el último año todo se ha desarrollado en medio de confrontaciones y el menosprecio hacia la acción de la sociedad civil.

No tiene lógica que el Gobierno generalice y arremeta sin ton ni son. La labor conjunta es la estrategia ante tan rudo, abrumador, doloroso y triste tema.

En buena medida la encomiable acción del Gobierno tiene de fondo, a querer o no, la acción y convicción de la llamada sociedad civil.

RESQUICIOS.

Conversación banquetera con Julián LeBarón. “Fueron más de 40 y eran de La Línea… no podemos darle un cheque en blanco a los gobernantes, no basta con elegirlos… gran parte del problema y la solución somos nosotros… el Presidente por más que quiera está rebasado… ya viene la marcha, espero nos alcances”.