“No se manda solo”

QUEBRADERO

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Era cuestión de tiempo la detención de Emilio Lozoya. No había manera de que el exdirector de Pemex se la pasara a salto de mata por más dinero que tuviera.

Sin duda, al Gobierno le viene bien la detención. Más que respiro, le ofrece la oportunidad de poder investigar, y en su caso actuar, en contra de una de las administraciones más señaladas por corrupción.

Seguramente habrá un uso político de la acción concertada por las policías mexicana y española. Se abre la posibilidad ahora de que la empresa consentida del Presidente pueda ser investigada en su pasado reciente, lo cual le va a dar capacidad de maniobra en medio de los vaivenes en la que está metida.

Lo que es fundamental es que el caso llegue hasta el final. Se ha creado la idea de que el Gobierno no ha querido actuar en contra de Peña Nieto. No tiene mucho sentido plantear que el Presidente con la gran legitimidad que tiene hubiera llegado a algún acuerdo con el expresidente bailarín.

No habría motivo alguno, López Obrador ha tenido desde el día en que ganó, “la sartén por el mango”, quizá si antes no se hizo algo tuvo más que ver con las condiciones bajo las cuales estaban las cosas que con una voluntad. Más allá de filias y fobias, no vemos al Presidente llegando a acuerdos para pasar por alto actos de corrupción y más tratándose de Pemex.

Sería un contrasentido que colocaría al Presidente en una posición gratuitamente adversa. No tenía ni tiene necesidad de hacerlo, además de que no se ve qué puede ganar con ello.

Emilio Lozoya es una pieza fundamental, que no la única, para investigar la corrupción en el sexenio de Peña Nieto. De ser uno de los cercanos y encargarse de los asuntos de los dineros en campaña y en los primeros años de Gobierno, pasó a ser señalado al tiempo que le fueron endilgando todo aquello que empezaba a darse a conocer como evidentes actos de corrupción.

Responsabilizarlo se convirtió en un acto de autodefensa del Gobierno del exhibicionista expresidente que bien pudiera, a partir de la detención de Lozoya, estar en serios problemas.

Al exdirector de Pemex lo colocaron como eje de la trama cuando la trama eran y son quienes formaban el círculo inmediato del Presidente, lo que incluye al propio Lozoya, lo que incluye aquello de “que no se mandaba solo”.

La detención es la gran oportunidad para que el Gobierno y la sociedad confronten de manera directa presumibles actos de corrupción, los cuales en su modus operandi tienen que ver con lo que ha pasado a lo largo de muchos años desde el ejercicio del poder.

La otra es la maraña llamada Odebrecht. Hasta ahora no se han investigado a fondo los tentáculos de la empresa brasileña en el país. Lo que viene es conocer la responsabilidad desde la estructura de poder, relación que alcanzó tintes internacionales.

Lozoya puede ser la llave que permita abrir puertas de lo que se presume fue una administración llena de irregularidades, corrupción y desplantes veleidosos.

La inevitable pregunta es qué tan dispuesto está Lozoya a contar todo lo que sabe y a señalar a quienes son parte de la trama, más allá de la defensa que haga de él mismo. Si nos atenemos a lo que ha expresado su abogado podríamos estar en el preámbulo de uno de los casos más escandalosos de corrupción que hayan alcanzado a las altas esferas de quienes dirigieron el país.

A partir de ahora vienen los grandes retos para el Gobierno. Tendrá que mostrar evidencias de todo lo que se ha señalado y tendrá también que asumir que, como dice el abogado de Lozoya, “no se manda solo”.

RESQUICIOS.

El asesinato de Ingrid Escamilla, además de brutal y doloroso, puso de nuevo en la mesa el tema de la ética en los medios. No se puede pasar por alto la difusión de las terribles fotografías de Ingrid inerte siendo atacada por su despiadado asesino. La difusión de las imágenes victimizó aún más a la indefensa mujer y puso en evidencia la falta de ética e insensibilidad de quienes dieron a conocer las fotografías.

Javier Solórzano Zinser
Javier Solórzano Zinser

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