La tripartita en el acoso y hostigamiento

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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En estos últimos días, las mujeres hemos hecho nuestra parte: ¡hemos denunciado! Entre muchas otras cosas, hemos aprendido que es la mujer a quien le toca decir cómo vivió el hecho, cómo lo percibió. La sensación y la indignación es algo tan personal, que nadie más puede determinar.

Tener que hacerlo anónimamente es el sello de la impunidad que históricamente ha favorecido al agresor y de la ausencia de protección de los espacios que naturalmente debieran ser seguros, como la casa, la escuela y el trabajo. Por eso el #YoSíLesCreo no sólo anima a dejar el silencio, sino que arropa. Sin embargo, tendremos que ir avanzando hacia la garantía de la confidencialidad.

En esta serie de denuncias están aquellas que claramente son delitos y en las que la autoridad deberá tomar una posición al respecto y, en su caso, seguir de oficio. Porque el movimiento #Metoo no es un ejercicio de catarsis ni de desboque;  es el espacio que las mujeres hemos encontrado para decir, y decir mucho de lo que se ha tenido que soportar y, en ese marco, exigir justicia.

Por otro lado están los hombres que han sido señalados de agravios de acoso o de hostigamiento; para ellos el mensaje es muy claro. Hay una serie de conductas que nunca más serán aceptadas, por más comunes que sean, en las que estén involucradas miradas, palabras o frases y, por supuesto, tocamientos o acercamientos. Las relaciones se construyen de otra manera; a partir de la equidad, la igualdad y el respeto a la otredad.

Para con ellos la acción de disculparse es obligatoria y aunque en muchos casos no alcanza para reparar el daño, sí es necesaria, pero no como una acción de hacer y dejar pasar, ni de una disculpa masiva tipo “si te ofendí, perdón”, sino como un acto de contrición que conlleva un compromiso de reflexionar sus posiciones de privilegios y asumir nuevas masculinidades.

La tercera en esta tripartita son los espacios laborales, quienes según la cascada de delaciones hacen ver que carecen de mecanismos de denuncia o estos no generan la confianza institucional para acercase a ellos. Sólo basta dar un recorrido por los espacios en redes de MeToo para comprobar que la mayoría de las mujeres que denuncian son exempleadas y que, por otra parte, quienes refieren haber acudido a las áreas de recursos humanos y/o jurídico, la respuesta fue ineficiente, minimizando la denuncia o, en el peor de los casos, haciéndolas responsables de los hechos.

Hoy, las empresas deben construir protocolos de atención, establecer remediales y ejercer acciones para la prevención, porque, efectivamente, como hemos comprobado, la cultura del acoso sexual, del hostigamiento, hace que casi nadie esté exento; pero lo inaceptable es cuando no se hace nada, porque eso sólo normaliza una conducta violenta, alienta la impunidad y arraiga el acoso y el hostigamiento.

Por cierto: Muchas felicidades a Consuelo Mejía Piñeros por el reconocimiento Elvira Carrillo Puerto que le otorgó el Senado de la República.