Los mexicanos, entre los más estresados del mundo

#UnDíaSinNosotras
Por:
  • monicag-columnista

Ahora resulta que México, en nuestra larga y no muy honrosa lista de primeros lugares a nivel mundial (feminicidios, obesidad infantil, embarazo adolescente, crímenes por homofobia, zonas de conflicto más mortales del mundo, etc.), hoy tenemos el nuevo reto de salir del Top Ten de los países más estresados en el ámbito laboral a nivel global.

Según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), México se encuentra ya, en términos de estrés laboral, por encima de China y Estados Unidos —las dos economías más grandes de la Tierra—.

El dato coincide con el de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que afirma que nuestro país, junto con Costa Rica, son las naciones latinoamericanas con las jornadas laborales más

extensas del planeta.

Se calcula que 43 por ciento de la gente que tiene un empleo formal padece estrés, una cifra alarmante que va de la mano con la de 29.9 por ciento de los habitantes mayores de 12 años que en nuestro país sufre algún nivel de depresión ocasional ( 12.4 por ciento de ellos lo experimenta de manera frecuente, según el Inegi).

Se calcula que en México viven con depresión aproximadamente 2.5 millones de jóvenes de 12 a 24 años, y ésta es la primera causa mundial de suicidio, problema que se ha ido agravando en nuestro país.

[caption id="attachment_960457" align="alignnone" width="696"] Se calcula que 43 por ciento de la gente que tiene un empleo formal padece estrés en México[/caption]

La OMS señala que en 2020, la depresión será la segunda causa de incapacidad en el mundo y la primera en países en vías de desarrollo, como el nuestro. En México, alrededor de 18.4 millones de ciudadanos padecen depresión y desde 2017, siete mil trabajadores fueron incapacitados por esta causa, según datos del IMSS.

Un estudio de Sodexo —empresa de servicios dedicados a la calidad de vida— señala que la depresión y el estrés laboral pueden ocasionar pérdidas de hasta 16 mil millones de pesos anuales en el sector productivo de México, donde el ausentismo por enfermedad representa ya 7.3 por ciento del costo de nómina anual de las empresas, con pérdidas de más de 20 por ciento de su productividad.

Este estudio añade también que nuestro país se encuentra por debajo en el promedio de las horas de ocio y descanso de los miembros de la OCDE, que es de 15 horas al día; y esto es en gran medida por el tiempo que se invierte en el traslado hacia las fuentes laborales, que puede ser de hasta cuatro horas diarias.

Lo anterior genera más ruido porque se acerca el día en que entre en vigor la Norma Oficial 035 de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social —promulgada en 2018—, cuyo objetivo es evitar que los lugares de trabajo se conviertan en una causa de padecimientos mentales para los empleados, identificando, analizando y previniendo riesgos psico-sociales en el ambiente laboral.

Las empresas y empleadores deberán disponer de un mecanismo de quejas, promover el sentido de pertenencia entre los trabajadores, capacitar y sensibilizar a directivos y fomentar actividades recreativas, entre otras misiones, dependiendo de la cantidad de personas en la nómina. ¡Veremos!…

Pero mientras eso ocurre, médicos privados y científicos independientes ya se dan a la tarea de crear y ofrecer alternativas para enseñar a las personas a “pedir ayuda emocional”, un reto inmenso en una sociedad como la nuestra, que siempre ha visto como una cosa rarísima eso de atender como prioridad la salud mental.

Por ejemplo, hace poco me topé con una interesantísima aplicación para los teléfonos inteligentes, llamada “Te queremos escuchar” o TQE, que con un clic pone al usuario en contacto con una red de terapeutas que prácticamente de inmediato se convierten en una guía para identificar su estado emocional y cómo atender algún tipo de ansiedad severa.

De esta forma está comenzando a llegar aquí lo que ya se conoce como “el Internet de las cosas médicas” (IoMT), que ofrece alternativas a estas problemáticas a través de herramientas digitales que brinda la llamada “ciberterapia”, a través de sesiones individuales y a costos por debajo del precio promedio de un especialista.

Esto no sólo resulta muy interesante, sino que va varios pasos adelante del muy deficiente sistema de salud publica en nuestro país, que jamás se ha preocupado por poner un dedo en el renglón de la salud mental de los mexicanos, que más pronto que tarde comenzará a cobrar una altísima factura, y ¡ahí están los números!