Una de las características más notorias de Trump es que todo lo hace a lo grande. No es para sorprenderse que su proceso de impeachment vaya alcanzando proporciones nunca antes vistas. En los casos anteriores, el crimen estaba localizado y tenía alcances locales. Así, Andrew Johnson fue acusado por sustituir un funcionario sin tomar en cuenta al Senado; Nixon, por espiar a sus rivales políticos; y Clinton, por realizar actos sexuales en su oficina. Trump, en cambio, se llevará orgullosamente el premio al escándalo más destructivo de la historia de Estados Unidos.
El presidente es sospechoso de haber chantajeado a otro país, Ucrania, para obtener su ayuda para debilitar a un rival político de cara a su posible reelección. Es un caso claro de abuso de poder a nivel internacional. Además, dentro de esta jugada está el fiscal General, el secretario de Estado, varios diplomáticos y hasta el vicepresidente y su equipo de colaboradores. Si fueran declarados culpables, el gobierno estadounidense quedaría prácticamente desmembrado.
El impeachment avanzará frenéticamente ya que el Partido Demócrata sabe que necesita aprovechar el momento y tomar a su rival con las defensas bajas. Además, no quieren llegar a las elecciones primarias —en las que tendrán que elegir al candidato a la presidencia— con este proceso dominando el escenario político y con el nombre de Biden, el principal precandidato, en los titulares.
Por otro lado, el Partido Republicano sabe que de avanzar este proceso estarían en peligro no sólo de perder la presidencia en el siguiente periodo, sino de tener que desocupar ahora la Casa Blanca al estar tanto el presidente como el vicepresidente implicados en este escándalo. De irse ambos, Nancy Pelosi, su contrincante, quedaría al mando del país. Por esta razón vemos que hay voces que defienden a Pence, afirmando que él no sabía de las intenciones de Trump, admitiendo implícitamente la culpabilidad del neoyorkino.
Ambos partidos tratan de calcular rápidamente sus posiciones. Los demócratas saben que un impeachment fallido podría darle el impulso necesario a Trump para afianzarse cuatro años más en la presidencia, por eso van el todo por el todo. Por otro lado, los republicanos saben que el Senado tiene la clave para desestimar el caso y lanzarse por la reelección. Sin embargo, Trump tiene tantos frentes legales abiertos que puede convertirse un lastre que es mejor tirar cuanto antes. Acusaciones de acoso sexual, corrupción en la corporación Trump, evasión de impuestos, abuso de poder… la lista es larga y las evidencias se acumulan. En algo tiene razón Trump, esto es acoso presidencial.
La suerte da la espalda a alguien que jamás tuvo que vérselas con las consecuencias de sus actos.

