Dentro de la liturgia de Semana Santa, el Sermón de las Siete Palabras de Cristo en la cruz, terminan uno de los momentos de mayor solemnidad para la comunidad cristiana en México y el mundo.
Según los textos estas expresiones fueron pronunciadas por Jesús de Nazaret durante sus horas de agonía en la cruz, no se encuentran reunidas en un solo relato, son el resultado del conjunto de los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
Estos sermones se dictan en las principales catedrales del país durante el Viernes Santo, antes de la conmemoración de la resurrección.
Las siete palabras de Jesús y su significado
La tradición agrupa estas frases en un orden cronológico que va desde el inicio de la crucifixión hasta el momento del deceso. Cada una con un significado y contexto bíblico.
- “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34): Considerada la palabra del perdón. Jesús la pronuncia mientras los soldados romanos se reparten sus vestiduras.
- “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43): Conocida como la palabra de salvación. Es la respuesta al “buen ladrón” (Dimas), quien reconoce la inocencia de Cristo y pide ser recordado en su reino.
- “Mujer, ahí tienes a tu hijo. Hijo, ahí tienes a tu madre” (Juan 19:26-27): La palabra de la relación o el amor filial. Al dirigirse a María y al apóstol Juan.
- “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?” (Mateo 27:46 y Marcos 15:34): Es la palabra de la angustia. Pronunciada en arameo (Eli, Eli, lama sabactani), refleja la profundidad del sufrimiento humano.
- “Tengo sed” (Juan 19:28): La palabra del sufrimiento físico. Algunos teólogos interpretan esta frase como una metáfora de su “sed” de cumplimiento de la voluntad divina.
- “Todo está consumado” (Juan 19:30): La palabra de la victoria o el cumplimiento. Con esta expresión, Jesús declara que ha finalizado la obra de redención para la cual fue enviado, cumpliendo así las profecías del Antiguo Testamento.
- “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23:46): La palabra de la entrega. Es el último suspiro de Jesús, representando la confianza total en la voluntad del Padre.
En conjunto, más allá de ser unas últimas palabras, se trata de una despedida del mundo terrenal para proceder en espíritu como lo indican las escrituras, convirtiéndose en la base de la fe cristiana.