“Ya nada más llegan los clientes que nos conocían”, afirmó Salvador Juárez, uno de los comerciantes que operaban sobre Calzada de Tlalpan, en las inmediaciones de la Línea 2 del Metro, y que fueron reubicados por las obras para el Mundial de Futbol. Varios indicaron que sus ventas cayeron hasta 70 por ciento.
El comerciante, al igual que muchos vendedores de esta zona de la ciudad, lleva prácticamente ocho meses con ventas a la baja en su local, lo cual ha complicado su situación personal.
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De acuerdo con el hombre, el panorama se agravó desde que, en noviembre de 2025, autoridades gubernamentales acudieron a la colonia Moderna para reubicar su puesto a la calle Juana de Arco, un espacio donde también enfrenta otra problemática: las quejas de habitantes.
“No, pues cayó la venta como un 60 o 70 por ciento. Ya tiene un rato que empecé a gastar de lo que tenía ahorrado, porque esto ya da muy poco.
“Aquí, por ejemplo, los que se quejan son los vecinos. Han llegado diciendo, pues que ya han juntado firmas para que nos muevan. Y yo digo, pues si aquí nos pusieron del Gobierno. ¿Qué hacemos? Si llevamos como 40 años vendiendo aquí, nunca habíamos tenido problemas hasta ahorita”, dijo el vendedor a La Razón.
Este diario recorrió la colonia Moderna y observó que algunos colonos han solicitado a los vendedores en vía pública que se retiren de las calles aledañas a la estación Xola del Metro.
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El principal motivo del conflicto es la basura, aunque también se ha reclamado que la colocación de enseres en vía pública, como alambres, cubetas y puestos semifijos, genera incomodidad para quienes transitan en automóvil.
“Es cosa de que no se organizan. Tú puedes ir aquí a la calle de al lado (Juana de Arco) y te acercas a Calzada de Tlalpan, huele mal. Eso es por la basura que los de comida tienen ahí. Luego vas a pasar, te ponen que la cubeta, que la botella o cualquier tontería.
“Los franeleros ya agarraron la confianza de querer meterse aquí a las calles y eso no pasaba. Está pasando porque ellos (los vendedores) ya se instalaron aquí”, expuso Carlos Cárdenas, quien vive en la calle Rubén Darío desde hace 30 años.

La problemática con los comerciantes de jugos; tacos placeros, de suadero, pastor o tripa, entre otros, inició en junio de 2025, cuando autoridades de la Ciudad de México anunciaron la reubicación de vendedores en Calzada de Tlalpan debido a las obras para la Copa del Mundo.
En aquél entonces, algunos vendedores libraron la oleada de retiros con la que se buscaba alistar el terreno para la construcción de la ciclovía la Gran Tenochtitlán, la cual conecta el Centro Histórico con el Estadio Ciudad de México.
Carmen López, quien dijo que desde hace 20 años vende jugos a unos pasos de la estación Nativitas, comentó que en un principio no pensó que su reubicación afectara de manera considerada su economía. Meses después, recordó, las ganancias de su puesto de jugos llegaron a ser incluso inferiores a las que obtuvo entre 2020 y 2021, durante la pandemia de Covid-19.

“Ahorita es muy muy, muy, lenta la venta, mucho. Yo hablo por mí, pero creo que éste es el peor periodo de ventas que he tenido en todos los años que llevo aquí. Yo creía que estaba como la pandemia, pero ya cuando vi que apenas y sacaba mil pesos diarios o ni llegaba a eso y dije: ‘esto está mucho peor’”, reveló la vendedora, quien tiene su puesto en la calle Don Luis, a 70 metros del Metro Nativitas.
Carmen López indicó que hace poco más de un año sus ventas diarias iban de los dos mil a tres mil pesos, pero ahora su recaudación máxima por día alcanza sólo 33 por ciento de esta cifra máxima.
El escenario empeora aún más en días con baja afluencia de gente, ya que en esos momentos, ni siquiera logra vender 600 pesos diarios, lo cual le ha provocado dificultades al igual que a Salvador Juárez.
“A mi hermana le he pedido prestado, porque luego no alcanzo a completar la renta. De hecho estoy viendo que me conviene más mudarme. Y eso es sin hijos, si tuviera uno o dos niños, ya mejor la dejo ahí. Dejárselos a mi mamá yo creo, porque no se me ocurre nada más”, dijo.
Ambulantes como Salvador o Carmen sobreviven pese a las bajas ventas que registran sus puestos, aunque casos como el de Araceli Chavarría, quien tiene 65 años, han ido más allá al registrar ganancias prácticamente nulas en ciertas semanas.
“En esta semana que pasó, dos días no vendí y en los otros cuatro, sí, 600 pesos. Me ayudan mi hijo y mi cuñada, pero no es como antes”, contó la adulta mayor.
Ante este escenario, Araceli Chavarría pidió que le permitan realizar la única actividad que aún puede hacer a pesar de su edad y su diabetes: vender audífonos, dulces y mochilas de martes a domingo a las afueras de la estación
“Si yo tuviera otra opción de irme o que me dieran trabajo, pero pues a estas alturas, ¿en dónde le dan a uno a uno algo? Estaría bien, pero yo con 65 años, estoy enferma, ya no puedo trabajar en cualquier lugar, sólo sé hacer esto”, sostuvo.

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