Pandemia profundiza la brecha con sus hijos

Maternidad en prisión… y en cuarentena, la doble sentencia

El problema es más fuerte con mamás de menores de seis años; fundaciones alertan estragos a largo plazo en los hijos, ya de por sí desapegados de su madre

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La pandemia obligó a varias madres a estar más lejos de sus hijos.Cuartoscuro
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La pandemia del COVID-19 y el encierro que vino con ella hizo que las madres tuvieran que pasar más tiempo con sus hijos en casa, esto no ocurrió con las mujeres que viven en prisión, para quienes la contingencia sanitaria sólo vino a alejarlas aún más de sus pequeños.

En los penales femeniles de la CDMX, la situación es aún más compleja para quienes dan a luz en reclusión, pues en lo que va de la contingencia tampoco hubo lugar para los bebés en las estancias que les dan un poco de cercanía con sus madres. Bajo estas circunstancias de emergencia tuvieron que ser llevados con otros familiares.

El artículo 140 del Reglamento de los Centros de Reclusión del Distrito Federal señala que los hijos de las internas que nazcan durante el periodo de reclusión, en caso de que permanezcan dentro de la Institución, recibirán atención nutricional, pediátrica, educación inicial y preescolar hasta los seis años. 

MAMÁ TRAS LAS REJAS de Alejandro Galindo Sandoval

La Subsecretaría del Sistema Penitenciario de la CDMX informó a La Razón que de las mil 519 internas en los reclusorios femeniles de esta capital, 47 tienen hijos menores de seis años, 10 tuvieron hijos en lo que va de este año y actualmente hay dos embarazadas, lo que significa que sus bebés nacerán en el penal.

A pesar de que la pandemia hace necesario que hijos de reclusas no estén en los penales, organizaciones civiles consultadas por este medio afirman que la emergencia sanitaria no ha hecho más que destapar una problemática ya visible desde antes del Covid-19, particularmente para las mamás que purgan alguna condena, quienes se vuelven doblemente indefensas.

SANA… PERO DOLOROSA DISTANCIA

Cifras del Sistema Penitenciario indican que, antes de la pandemia, en los dos centros de reclusión de mujeres había 52 menores y tras la activación de la emergencia sanitaria, el pasado 31 de marzo, ese número se redujo a 31, lo que indica que al menos 20 madres en la cárcel tuvieron que separarse de sus hijos.

Maternidad en custodiaArmando S. Armenta/La Razón

A juzgar por las cifras, el número de niños en los penales se redujo 39 por ciento; sin embargo, de acuerdo con la organización Reinserta, en las cárceles de la Ciudad bajó 80 por ciento el número de menores, debido a que se les invitó a las madres a que sus hijos pudieran ser enviados con sus familiares, con el fin de evitar cualquier riesgo de contagio.

Saskia Niño de Rivera, presidenta de Reinserta, indicó que se habló con todas las mamás y se les recomendó sacar de manera voluntaria a sus hijos; hubo quienes quisieron y quienes no. “La reducción fue como de 80 por ciento, teníamos cerca de 70 niños y quedaron como 20 y algo similar pasó en el Estado de México, sacaron a la mayoría”, comentó a este medio.

En entrevista, la activista destacó que en la búsqueda de priorizar la salud sin dañar los vínculos entre las presas y sus hijos, es fundamental que la separación no fuera de manera forzada, entendiendo que se tratan de medidas extraordinarias. El tema aquí es si podrán regresar los niños a la cárcel, pues algunos de ellos son muy pequeños y, por lo tanto, dependientes de su mamá.

Yo hablé con varias mamás de Santa Martha que, por ejemplo, estaban en lactancia y que tuvieron que cortarse la leche y eso obviamente fue muy duro

Saskia Niño de Rivera/Presidenta de Reinserta

También hubo otros casos en los que se abogó para que niños de cinco años y meses de edad cumplieran la estancia máxima que se les permite por reglamento (hasta los seis años). En esta situación estaban cuatro pequeños, a quienes el Sistema Penitenciario autorizó permanecer más tiempo, con ellos, la referida ONG continuó con su programa de talleres, sólo que ahora de manera virtual, para evitar el contacto físico.

Niño de Rivera consideró fundamental que aún en la emergencia sanitaria se busque fortalecer los vínculos familiares de madres e hijos y, en este objetivo, las autoridades deben tomar en cuenta la importancia de crear espacios y condiciones con las medidas sanitarias que permitan, en cuanto sea posible, tener visitas y accesos con los niños dentro de los penales.

Desde que se activó la emergencia sanitaria, el Sistema Penitenciario siguió las instrucciones de la Secretaría de Salud y la Secretaría de Educación Pública, por lo que se suspendieron las clases, cursos y talleres para madres e hijos.

A las madres internas se les entregó material impreso para trabajar con sus hijos en sus estancias, en conformidad con el Programa Aprende en casa II, diseñado por el Gobierno federal.

Posteriormente, con las medidas sanitarias y en grupos de tres niños, se permitió el acceso a la bebeteca para talleres de estimulación temprana.

LOS ESTRAGOS

El escenario pinta aún más sombrío para los niños menores de seis años que tienen a su mamá en la cárcel, una situación de la que no se tiene conocimiento en la CDMX, señaló Juan Manuel Pérez García, director de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim).

Lo que está en juegoArmando S. Armenta/La Razón

La o él menor de seis años necesita círculos de apego estables y justo eso es lo que está en riesgo durante la pandemia: por un lado, a los pequeños que se quedaron en los centros penitenciarios ya no se les permite salir, lo cual contribuirá a problemas de sociabilización; y lo mismo para los que son llevados permanentemente con otros familiares, pues si se genera un desapego con la madre, podría conllevar daños cognitivos en el futuro.

Pérez García recordó que hace dos semanas, un estudio realizado en Reino Unido reveló que, con tantos meses de pandemia, los niños pequeños enfrentan regresiones en su comportamiento: retroceden en el control de esfínteres o dejan de hablar, como cuando son más pequeños.

“Se crean vínculos de apego inseguros o desorganizados, porque los niños y niñas pequeñas no logran decodificar cuándo van a tener relación con la mamá y eso genera retraimiento y miedo, por eso es siempre es muy importante cuidar el vínculo de niños pequeños con su mamá, también con su papá”, dijo.

Actualmente, los niños que fueron enviados con sus familiares tienen restricción total para regresar al penal y así será hasta que haya nuevas instrucciones de la Secretaría de Salud, comunicó la Subsecretaría del Sistema Penitenciario a petición de esta casa editorial.

Al respecto, Juan Manuel Pérez comentó que las autoridades penitenciarias no tienen perspectiva de derechos de infancia, por eso, hasta el momento, en los reclusorios capitalinos no hay una planeación o programa de cómo será la nueva normalidad de la convivencia entre madres e hijos que fueron separados.

Por ejemplo, en países como Uruguay, Argentina, Costa Rica, incluso Guatemala, los gobiernos autorizaron que varias mujeres cumplieran su condena en su domicilio, no en beneficio de ellas, sino por sus hijos, para no exponerlos.

Esto es algo que nuestro país o en la ciudad nunca lo han aceptado, las autoridades son muy conservadoras. Además, se dijo que habría amnistía para los internos y, hasta el momento, no se sabe si hay alguna liberación y menos de mujeres

Juan Manuel Pérez García/Redim

MÁS VULNERABLES: SER MUJER, MAMÁ Y SENTENCIADA

Sofía González Talamantes, coordinadora del Sistema Penitenciario y Reinserción Social de la ONG Documenta, declaró que las mujeres presas están en una condición de vulnerabilidad extra que los hombres, con o sin hijos, y se ve con más frecuencia en el abandono de sus familiares, lo cual se da menos con los presos, y en la pandemia esto puede intensificarse.

En entrevista, señaló que las mujeres privadas de la libertad están invisibilizadas en programas de actividades que les permita su reinserción, que están más pensados para los hombres.

Basta con ver los talleres que les dan a los hombres en la misma condición jurídica; mientras ellos tienen actividades para generar ingresos económicos o útiles para su vida, a las mujeres se les relega a talleres que conservan estereotipos (clases de cocina, costura…)

Sofía González Talamantes/Documenta

La activista coincidió en que no se ha cumplido la promesa de preliberación bajo amnistía, lo cual cobra especial relevancia para el sector femenino, ya que 80 por ciento de las reas son madres de menores de 18 años.

MATERNIDAD REMOTA

Una vez que salieron los menores de seis años de los penales, se determinó no dejarlos volver a entrar, hasta que las condiciones sanitarias lo permitan, son las instrucciones del Sistema Penitenciario, de tal forma que las mujeres se despidieron de sus pequeños y tienen meses sin verlos.

Rashel Cohen Lan, presidenta de la Fundación Rebeca Lan, señaló que esta separación implicó un estrés muy fuerte en las presas: depresión, ansiedad y angustia se hicieron constantes sobre todo en quienes tienen hijos más pequeños.

En aras de aminorar los efectos negativos de la separación, la fundación encabezó el proyecto “Uniendo familias a distancia”, cuyo objetivo es reencontrar a mujeres privadas de la libertad con sus seres queridos a través de una videollamadas.

La mecánica de operación consiste en el préstamo de dispositivos móviles autorizados a quienes lo soliciten. Las reclusas tienen cinco minutos para establecer comunicación únicamente con sus seres queridos, bajo la supervisión de guardias.

Este programa comenzó ocho meses después de activada la emergencia sanitaria, a partir de noviembre, en el Centro Femenil de Reinserción Social Santa Martha Acatitla y en el Centro Femenil de Reinserción Social Tepepan, en el que participaron más de 600 mujeres.

Para ellas es una manera de salir adelante, es una esperanza de poder ver a sus hijos, aunque sea semanalmente, y les ha ayudado mucho a fortalecer su relación y tener más de tranquilidad

Rashel Cohen Lan/Fundación Rebeca Lan

Si bien el proyecto es piloto y nació con la pandemia, es factible que sea permanente gracias a la colaboración de la fundación y las autoridades penitenciarias que autorizan las videollamadas de manera programada y continua, en un esfuerzo de reducir la doble condena a la que están sujetas las madres en situación de cárcel.