Por Lizeth Gómez De Anda
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Se llamó Samuel Langhorne Clemens hasta los 28 años, momento en que se dedicó a escribir en forma y eligió el seudónimo de Mark Twain, creador de personajes entrañables como Tom Sawyer y Huckleberry Finn.
Hoy se cumplen cien años de la muerte de este escritor, nacido el 30 de noviembre de 1835 en Misouri, cuya obra ha sido recreada por el séptimo arte y la pantalla chica.
Para muchos el estadounidense es sinónimo de novelas juveniles y tardes de agosto, pero lo cierto es que está considerado como uno de los escritores más importantes de la literatura estadounidense. Twain fue popular cuando estaba vivo (algo que pocos escritores experimentaban) y supo retratar y críticar la injusticia de su época y de su tierra, el sur de Estados Unidos: el racismo, la segregación, el odio, el maltrato y los excesos.
La pluma se convirtió en el modo más importante de ganarse la vida. Trabajó como periodista en varios rotativos a la par que escribía sus primeros textos de ficción. Fue en 1865 que llegó su primer éxito: La famosa rana saltarina de Calaveras. Empezó entonces una etapa de continuos viajes que lo llevaron a Polinesia, Europa y Oriente, lugares que fueron inmortalizados en libros como Los inocentes en el extranjero y A la brega, en que recrea sus aventuras por el Oeste.
A partir de ese momento su carrera se catapultó. Prueba de ello son los elogios de escritores importantes del siglo XX, como Ernest Hemingway o Norman Mailer, quien manifestó: “la prueba de lo buena que es Huckleberry Finn es que puede ser comparada con las mejores novelas modernas”.
Sus vivencias marcaron sus escritos. Un recorrido vital que fue afianzando su estilo sarcástico con un toque de amargura. Fue capaz de escribir sin palabras de más cuando todos lo hacían. Llenó con humor lo que se asomaba como una tragedia como la vida esclava de Jim y la vida Huck junto a su padre borracho.
Ese realismo de sus relatos, con un lenguaje sencillo y divertido, hizo de él uno de los escritores más influyentes de la literatura norteamericana.
Sus obras de las décadas de 1890 y 1900 están marcadas por la amargura y un creciente pesimismo, causados por el fracaso de sus negocios y la muerte de su mujer y dos de sus hijas.
Mark Twain, cuya obra marcó el fin del dominio de los escritores del Este en la literatura estadounidense, recibió el doctorado honoris causa por la Universidad de Oxford, Inglaterra, en 1907.
Falleció a la edad de 75 años en la ciudad de Nueva York, hace un siglo, precisamente el 21 de abril de 1910.
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