Foto Cuartoscuro Y Especial
Ilustración Juan Carlos Ramírez La Razón
Ayer uno de los eruditos más destacados de México no despertó más. Ernesto de la Peña murió mientras dormía, tal vez se acercó a Dios y lo llamó por su nombre en cualquiera de los 33 idiomas que aprendió en su vida terrenal.
Experto en asuntos bíblicos y religiosos, pero además referente indiscutible de la cultura, Ernesto de la Peña recibió el 6 de septiembre el Premio Internacional Menéndez Pelayo, en su discurso, con gran vitalidad, expresó:
“yo como mexicano me siento más comprometido en mis tareas de creación e investigación al recibir esta presea que ha adornado a grandes investigadores y escritores”. Pasaron cuatro días y un paro cardiorrespiratorio interrumpió ese propósito.
“Ha muerto Ernesto de la Peña. Una de las mentes más brillantes de México. La nación está de luto”, escribió el presidente Felipe Calderón en su cuenta de Twitter tras la difusión de la noticia; “Ha muerto Ernesto de la Peña. Las letras mexicanas, la patria de la ñ, están de luto: pierden a uno de sus mayores estudiosos”, expresó también la titular de Conaculta, Consuelo Sáizar.
El tema se convirtió en trending topic en las redes sociales; universidades, instituciones culturales, funcionarios públicos, escritores, intelectuales, así como alumnos y seguidores del trabajo del autor de Las estratagemas de Dios, expresaron su pesar por la pérdida del ser “al que nada humano le es ajeno”, como lo describió Jaime Labastida, director de la Academia Mexicana de la Lengua.
De la Peña debió nacer en una biblioteca el 21 de noviembre de 1927, pues a los seis años su interés por la literatura lo llevó a estudiar francés para atender los textos en sus idiomas originales. “Mi dedicación a las lenguas no es por las lenguas mismas, aunque me interesan; sino porque cada una tiene distintas literaturas. Me gusta leer a los grandes autores en sus originales siempre que puedo”, expresó el intelectual en una entrevista a Conaculta.
Hebreo, griego, latín, sánscrito, hindú, francés, alemán, inglés... son algunos de los 33 idiomas que dominaba el escritor, por ello, se convirtió en traductor de clásicos como Anaxágoras e Hipócrates; así como de autores tan variados como Paul Valéry, Gérard de Nerval, Stéphane Mallarmé, Friedrich Hölderlin, Novalis, Rainer Maria Rilke, Czesław Miłosz y Allen Ginsberg.
No sólo las letras se quedan sin su difusor, la música, en especial la ópera, quedó sin su vocero mexicano más apasionado, el ganador de la Medalla Mozart de este año. Los programas Al hilo del tiempo, Testimonio y celebración y Música para Dios, transmitidos por Opus 94.5 FM quedaron sin su líder que disfrutó tanto su oficio como difusor musical que se convirtió en comentarista del Metropolitan Opera House.
No hubo disciplina que no dominara, por ejemplo, la poesía fue imprescindible para su formación, desde los 14 años, “la lírica es en las letras la manifestación suprema del ser humano, así como lo es la música”, comentaba aquel amante de las palabras bien dichas, la música y la literatura.
Nada humano le es ajeno
Fragmento del discurso de Ernesto de la Peña, el 21 de noviembre de 2007, en su octogésimo aniversario
Se ha dicho que soy humanista; ignoro hasta qué punto, pero me esfuerzo por merecer esa categoría, tal vez apuntalada vacilantemente por mis obras literarias y mis indagaciones críticas e históricas. Desde niño aprendí el valor de ese mundo misterioso que no vemos, poblado por el espíritu y las obras de algunos muertos que tienen el insólito privilegio de estar más llenos de vida que muchos individuos a quienes tratamos cotidianamente. Y no se vea en esta afirmación un criterio de arqueología cultural, sino un respeto genuino, justificado e inteligente, por el abrumador pasado creador de nuestra especie. No sólo esto: pretendo que mi condición de poeta demuestre que el laborioso aprendizaje de vivir se ha volcado en una visión personal de la existencia.
Poca trascendencia tendrían mis esfuerzos en el terreno literario si no pretendieran encontrar eco y respuesta entre los jóvenes.
Jamás he de olvidar el ejemplo amable, sabio y bondadoso de Alfonso Reyes, uno de los humanistas más cabales de nuestro México. En buena medida, me he abrevado en él como paradigma de prosa elegante y temperamento jovial.
Para don Alfonso, la cultura era un festín inagotable y aleccionador. Comulgo cabalmente con esta idea y nada me sería más grato que sembrarla en las jóvenes generaciones: no hay imaginación ni realidad virtual que sobrepase los vuelos de la creación intelectual.
Adiós, good bye, adieu, au revoir...
Por Anabel Clemente Trejo
anabel.clemente.razon@gmail.com
Para despedir al políglota Ernesto de la Peña se necesitará más que un adiós, es fundamental escucharlo en treinta y tres lenguas diferentes.
Por ello, hoy, antes de partir al crematorio, el cuerpo del escritor y erudito mexicano fallecido ayer, permanecerá dos horas en el Palacio de Bellas Artes para recibir un homenaje.
Por iniciativa del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, familiares, amigos, funcionarios y autoridades culturales se reunirán en torno al ataúd para rendirle tributo de 12:00 a 14:00 horas a quien es considerado un personaje invaluable dentro de la cultura mexicana.
Comunicados de prensa del Instituto Nacional de Bellas Artes, el Fondo de Cultura Económica, la Secretaría de Cultura del Distrito Federal, así como el Jefe de Gobierno capitalino, expresaron su pesar por el deceso.
En un comunicado de prensa, se señala además que Ernesto de la Peña fue un destacado difusor de la cultura mexicana.
“Triste por la muerte de don Ernesto de la Peña, erudito afable, traductor agudo, feroz amante de la ópera, lúcida compañía radiofónica”, expresó Jorge Volpi al enterarse de la noticia.
El pesar por el deceso de De la Peña se vivió también en el ámbito político, el senador por Puebla, Javier Lozano expresó: “Las letras y la cultura en México están de luto. Lo echaremos de menos. Que descanse en paz el muy querido y admirado Ernesto de la Peña”.
Asimismo, el diputado federal Manlio Fabio Beltrones se permitió comentar: “Con el fallecimiento de Ernesto de la Peña, México y el mundo pierden un gran humanista, ganador del premio Menéndez Pelayo. Descanse en paz”.
Sólo queda dirigirse a Bellas Artes a despedir a uno de los sabios mexicanos más importantes de la actualidad.
