El corazón es un resorte, una ensalada de textos para crecer

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Foto: larazondemexico

Encontramos en estos días un raro manual en los estantes de las librerías, sección de novedades de ensayo: El corazón es un resorte. Metáforas y otras herramientas para mejorar nuestra educación (Taurus, 2106), de Pablo Boullosa (Ciudad de México, 1963), conductor de la popular revista cultural televisiva La dichosa palabra del Canal 22. Volumen de temática híbrida que apela a diversas disciplinas (lingüística, ética, filosofía, literatura, pedagogía, psicología, historia, política…) en una arenga que va de la crónica al artículo de divulgación, de lo didáctico a lo especulativo, de la curiosidad científica al ensayo.

Trasposición expositiva que recurre al puzzle en la mejor tradición de los libros de ‘superación personal’. Tres bloques conceptuales: “Herramientas verbales”, “Otras herramientas” y “Voces invitadas” son los apartados de este texto marcado por una vocación pedagógica ya percibida en el libro anterior de Boullosa, Dilemas clásicos para mexicanos y otros supervivientes (2011).

“Los libros de superación personal tienen muy mala fama porque en su ‘intención’ de ayudar anulan al lector e imponen criterios absolutos. El lector no reflexiona, sino que sigue unos consejos, muchas veces, sin fundamentos.

Una lectora me dijo que mi libro era de ‘autoeducación’: prefiero esa definición. Y es cierto, la educación individual y también la social se pueden medir a partir de lo que leemos”, precisó en entrevista con La Razón el director de la revista Este País y articulista de varios diarios.

¿Todos los libros son de superación personal? En el sentido preciso del término, sí. De Seneca a Montaigne, de Platón a Savater, de Cervantes a García Márquez, de Shakespeare a Octavio Paz… Buscamos los libros para superarnos. Para respondernos preguntas, para crecer intelectualmente. Creo en el libro como una caja de herramientas que induce al hombre a ser mejor.

Se detiene usted lo mismo en conceptos filológicos que en elementos de ética, roza la piscología, se entromete en cuestiones filosóficas, presenta datos curiosos… ¿Por qué ese ‘collage’ conceptual? Sí, es cierto, hay un poco de ensalada. Quizás un imperativo por tratar asuntos que se complementan o se relacionan. Siempre uno empieza la escritura de un texto sin saber hasta dónde va a llegar. Me parece que en esos cruzamientos teóricos, en esos empalmes se sustenta la idea central de El corazón es un resorte.

Se percibe una tonalidad de diálogo con el lector: una licitación mayéutica siguiendo las pautas de los diálogos de Platón… ¿Usted lo ve así? Es un gran elogio, exagerado, pero me alegra su lectura, me satisface. Cuando escribo me hago muchas preguntas que seguramente coinciden con las interrogantes del lector. Más que especular, en el ensayo trato siempre de conversar con los lectores, inquietarlos.

Dedica usted una entrada a precisar la necesidad de la lectura de textos clásicos, y remata con dos voces invitadas: Plutarco y Alfonso Reyes… ¿Por qué debemos ‘sonar hacia atrás’? Imaginemos el mundo sin el legado de los griegos, de las civilizaciones antiguas, de los romanos. Imposible pensar el mundo sin esos antecedentes. Dialogar con todo ese legado es el más incitante aprendizaje que podemos experimentar. Pongo ejemplos emblemáticos que van de Homero a Arreola. Soñar hacia atrás: prepararse para el porvenir. No podía faltar para rematar esa Cartilla moral, de Alfonso Reyes, olvidada injustamente: lectura urgente en el México de hoy.

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“Las palabras tienen un origen metafórico (estoy usando el ratón de mi computadora para añadir este paréntesis). En estudios controlados se ha podido ver cómo se forman nuevas palabras. A un grupo de personas se le muestra un objeto inventado, nunca antes visto, y se les pide que lo describan a otras personas, que no han podido ver dicho objeto. El primer grupo de personas usara metáforas para referirse al objeto o para describirlo; es decir, usará el procedimiento metafórico del que ya hemos hablado: “esto [desconocido] es como [algo conocido], si bien con tales diferencias”. Su ambos grupos de personas continúan refiriéndose al objeto, tarde o temprano acabarían por usar una sola palabra para hacerlo, es decir, acuñarán un nombre, que de alguna manera condensa una metáfora”.

Por supuesto, la mayoría de las veces empleamos las palabras sin ser conscientes en absoluto de la lógica metafórica detrás de su formación. Es algo parecido a lo que hacemos con las computadoras, los celulares, y todos los aparatos electrónicos que nos rodean: para elaborarlos es necesario emplear conocimientos científicos y tecnológicos muy avanzados, pero una vez que ya están fabricados y llegan a nuestras manos podemos prescindir de todos esos conocimientos y usarlos para nuestros fines personales.

Fragmento de El corazón es un resorte

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