En Guanajuato, Guanajuato
Imágenes en las que están presentes, el movimiento, la música, el baile y la sensualidad de los cuerpos, forman parte del trabajo fotográfico de Ricardo Beliel, quien durante décadas se ha dedicado a mostrar la identidad cultural y social de Brasil a través de sus carnavales. Estos retratos coloridos y en los que se ven a personas en plenitud llegaron al Festival Internacional Cervantino, como parte de la oferta del país invitado.
“En este trabajo, el punto principal es que los cuerpos de los brasileños y brasileñas tienen una sensualidad natural muy espontánea, muy diferente de una comercialización o cosificación de los cuerpos como se hace mucho.

“Puedes ver que muchos hombres se disfrazan de mujeres y muchas mujeres se disfrazan de hombres, esta cuestión de la identidad de género hoy es una cuestión muy contemporánea, se discute sobre esto en todo el mundo, pero está desde hace mucho tiempo en Brasil de una forma muy natural”, compartió en entrevista con La Razón Ricardo Beliel.
La muestra Sonidos de la carne reúne 50 fotografías en el Museo Palacio de los Poderes de Guanajuato, las cuales fueron captadas durante varias décadas en Río de Janeiro, donde vive actualmente Ricardo Beliel; en Salvador, capital de la provincia de Bahía, y en Recife, en Pernámbuco.
En las imágenes se aprecia a mujeres bailando samba o a músicos extasiados tocando instrumentos; o a personas conviviendo, las cuales reflejan otro aspecto importante de los carnavales en Brasil, cómo se convierten en un punto de encuentro donde no importan las condiciones sociales.
Brasil es un país con muchas injusticias, gente que viveRicardo Beliel, fotógrafo
con mucha pobreza y gran parte es negra, descendiente
de la época de la esclavitud, pero en carnaval, en la playa,
en el futbol, que son puntos de encuentro, la gente se mezcla
“Hay un acercamiento de las clases sociales en el carnaval. En esta fotografía hay una mujer que tiene una clase social un poco más elevada que las otras, pero están ahí bailando juntas. Brasil es un país con muchas injusticias, socialmente hay una herencia de la esclavitud, hay muchas favelas, gente que vive con mucha pobreza y gran parte es negra, descendiente de la época de la esclavitud, pero en carnaval, en la playa, en el futbol, que son puntos de encuentro, la gente se mezcla, se acerca mucho. En carnaval es difícil saber quién es una persona más rica”, compartió Ricardo Beliel, quien es un fotoperiodista jubilado y actualmente trabaja en un libro dedicado a la samba.
De las instantáneas que presenta, las más antiguas son de finales de los años 60 y aunque en la mayoría resalta la libertad de los cuerpos, algunas se centran en los rostros de las personas en el carnaval, exaltando los maquillajes y las expresiones de disfrute.

Ricardo Beliel explicó que la exhibición curada por Rafael Toriz se llama Sonidos de la carne porque la música también está presente. “Las imágenes muestran a los cuerpos como una expresión de la existencia de la gente, de su identidad cultural y social. Es la mezcla del son de samba y de otras músicas de Brasil, y la expresión de los cuerpos. Entonces es como si los cuerpos sonasen música”, compartió.
“Nada es lo que parece”
Con un humor ácido e irreverencia política, Grupo Galpão ofreció risas con Cabaret coraje en el Teatro Principal. El montaje comenzó desde que el público se sentó en su butaca, no cabía ninguna formalidad, sonaba música y alguien ofrecía limonadas. Fue en ese ambiente en el que Inês Peixoto lanzó la primera advertencia: “Mantengan los ojos atentos, nada es lo que parece”; e invitó a disfrutar, porque “gozar no es fácil”.
Tras esa bienvenida, vino un número tras otro con música en vivo. Lydia Del Picchia interactuó con el público preguntando qué esperaban de ella y de la vida, dejando una mordaz lección: “La expectativa es una mierda”. También apareció un ventrílocuo, con una muñeca que dejó una frase que probablemente cualquier político piensa para sus adentros. Cuando le pidieron darle alegría al pueblo dijo: “El pueblo se va a la verg…”
Hubo referencias a la precarización laboral de los artistas con un jefe que los mata de hambre; y hasta un público que subió a bailar convirtiendo el escenario en un antro. De esta manera, Grupo Galpão demostró por qué es una de las compañías más reconocidas de Brasil.

