La soprano y mezzosoprano mexicana María Luisa Tamez señaló en entrevista con La Razón que “la ópera ha sido el espacio donde salen a flote todas mis obsesiones, mis zozobras, mis abismos y mis mayores gozos”. Una de sus más recientes satisfacciones es que hoy recibirá la Medalla Bellas Artes en el rubro de Música, en reconocimiento a sus 45 años de carrera y al legado que ha patentizado en las conjugaciones de la vida de trascendentes heroínas del repertorio operístico universal y de concierto.
Presencia destacada en escenarios de Europa, América y Asia en colaboraciones con orquestas como la Filarmónica de París, la Sinfónica de Berlín, la Filarmónica de Los Ángeles, amén de las principales agrupaciones de México. Ha sido reconocida con la Medalla Ortiz Tirado, la Medalla Mozart y el Premio Nacional a la Mujer.
- El Dato: Incursionó en el desnudo con óperas como Salomé, dirigida por Werner Schroeter, en 1990, y en La Sunamita, bajo la dirección escénica de Jesusa Rodríguez, en 1991.
“En los escenarios despliego todo mi amor y mis pasiones más encontradas e inquietantes. Soy un ser humano común, pero me gustan los retos: soy arriesgada y un poco loca, siempre, desde niña, he sido muy inquieta. Mi tránsito de más de 40 años en los escenarios ha sido concluyente en mi crecimiento como mujer. Si existe la reencarnación: quiero hacerlo como cantante”, expresó María Luisa Tamez, intérprete destacada de Butterfly, la obra que más importancia ha tenido en su trayectoria artística. Recibirá la Medalla Bellas Artes al mediodía en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

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¿Cómo recibe el otorgamiento de la Medalla Bellas Artes en Música? Conmovida, orgullosa y sorprendida; después de haber escogido como oficio esta bendita carrera de cantante, veo que hay satisfacciones cordiales que agradezco con el alma.
¿Determinante el influjo familiar en su formación como cantante de ópera? Soy hija de un padre tenor y de una madre mezzosoprano. Quise ser bailarina y casi me matriculo en la Facultad de Medicina hasta que el gusanito de la música se interpuso. Estudiaba piano en la Superior de Música y el maestro Gilberto Cerda me hizo notar que tenía buena voz y se convirtió en mi instructor vocal. Mi papá me decía: “Hija, acuérdate que esta carrera es muy difícil. Yo la tuve que dejar porque no tuve el carácter”. A pesar de mi padre, seguí hasta que conseguí una beca en Europa.
- El Tip: Llegó a colaborar con la Orquesta Real Filarmónica de Londres, la Filarmónica de París, la Sinfónica de Berlín, la Sinfónica de Long Beach y la Filarmónica de Los Ángeles, entre otras más.
¿El viaje a Europa fue crucial? Perfeccioné mis atributos técnicos con Renata Tebaldi y gané uno de los premios del prestigiado concurso Francisco Viñas, en Barcelona. Ya tuve más confianza en mí misma y comenzó mi transitar por el mundo operístico.
¿Con cuáles directores inició su carrera en México? En 1980 gané el Premio del Público del Concurso Nacional de Canto Carlo Morelli y eso impulsó mi trabajo como solista. Empecé a trabajar con Lozano, Bátiz, Diemecke y Díaz Muñoz. Rómulo Ramírez, entonces director de la Compañía Nacional de Ópera, me dijo: “Apréndete todos los partiquinos”. Así llegó mi primer papel estelar: Micaëla, de Carmen. Nunca imaginé que 20 años después, por invitación de Eduardo Mata, asumiría el papel protagónico.
¿Cómo fue su relación con Eduardo Mata? Cuando me oyó cantar en una audición, me dijo que me iba a dar el papel de Butterfly. Le debo a él la participación protagónica de la obra que más trascendencia ha tenido en mi carrera. Mata me dio otros estelares que me ayudaron a despegar como solista en papeles de obras de Giacomo Puccini.
¿Qué otro director impulsó su trabajo? Enrique Diemecke me invitó a cantar El amor brujo y la suite de Carmen en Michigan, Estados Unidos, donde recibí elogios de los críticos. A él le debo mucho. Con él hice el estreno mundial de Floresta do Amazonas, de Heitor Villa-Lobos, y Montezuma, de Carl Heinrich Graun, disponibles en álbumes discográficos.
¿Cómo resume usted su trayectoria? He cantado mucho desde muy jovencita interpretando papeles difíciles. Mi voz creció en el contexto de una carrera de resistencia con muchos retos. Puedo decir que estoy satisfecha y fascinada, el recibimiento de esta medalla de Bellas Artes me estimula. Insisto: La ópera es un himno de rebosamiento provocador. Hay que tener carácter para afrontar sus desafíos.

