El director mexicano Alejandro González Iñárritu confesó: “¿Quién pensaría que después de haber sido corrido de tantos colegios en mi vida, me trajeran al colegio de vuelta? ¡Y a esta edad!”. El motivo no era menor: ayer se convirtió en el primer cineasta en ingresar a El Colegio Nacional (Colnal).
Llegó casi con la formalidad de sus días en la escuela: el cabello relamido y un traje negro. Sin embargo, dejó relucir su personalidad: se despeinó un poco y ya ligero, luego de leer su lección inaugural titulada “La alucinación consensuada” y al recibir un diploma, dijo sonriente: “El primer diploma en mi vida”.
El realizador laureado con cinco premios Oscar contó que no le fue fácil aceptar ser miembro de El Colegio Nacional y comentó que tal vez lo eligieron al ser considerado una “anomalía”.
“Su invitación para formar parte de este honorable Colegio Nacional no sólo me honra, me conmueve profundamente… y también me asusta un poco. Confieso que durante un par de años me resistí, como gato bocarriba, a la generosa insistencia de Juan Villoro para que aceptara siquiera proponerme como candidato. El motivo de mi resistencia fue la prudencia, porque la sensación de sorpresa se mezcla con la de humildad y uno debe pensarlo dos veces antes de aceptar una responsabilidad así”, expresó.
González Iñárritu dijo que incluso ayer no estaba “convencido de poseer los méritos necesarios para ocupar un lugar entre un grupo de mentes tan brillantes como las que tengo delante. No soy, después de todo, un hombre de palabras.
Mis argumentos no se conjugan en verbos, sino en imágenes, planos, encuadres y silencios incómodos. Entiendo que es precisamente esa diferencia —esa anomalía— la que motivó, por primera vez en la historia de este honorable colegio, la invitación a un cineasta”.
Mencionó que su ingreso no sólo es un reconocimiento a su trayectoria, sino también a “un oficio y una tradición” en la que figuran nombres como Salvador Toscano, Luis Buñuel, Roberto Gavaldón, Paul Leduc, Julio Bracho, Arturo Ripstein, Felipe Cazals, Jorge Fons y Eugenio Polgovsky, entre muchos otros, “cuyas obras inspiraron, abrieron caminos y marcaron el rumbo de varios de nosotros”.
También reconoció que “México es una potencia visual porque nuestra cultura, desde siempre, ha convertido la imagen en una forma de explicar al mundo. Desde los códices prehispánicos hasta las narraciones monumentales del muralismo mexicano del siglo XX, cuyo poder convirtió a México en referente mundial del arte público.
Me enorgullece pensar que Rivera, Orozco, Siqueiros y Tamayo fueron pilares fundamentales de este colegio”.
No sólo eso, destacó que hacer una película no es barato y, así seas el director más premiado, siempre es una labor de convencimiento. “No importa su tamaño o ambición, se necesita dinero. Y mucho.
No hay películas chicas. Todas son una batalla. Seas quien seas, lograr financiamiento y luz verde para una película es difícil. También es complicado rodarla. Pero lo más complejo de todo es que sea buena. No hay recetas, fórmulas ni garantías”, dijo.
En su lección inaugural, Alejandro González Iñárritu fue contundente en dos aspectos: en el uso de la Inteligencia Artificial, al hacer un llamado a los jóvenes para seguir haciendo cine hecho “por humanos para humanos”. También se conmovió hasta las lágrimas al hablar de una herida profunda en México: las desapariciones.
“(En Bardo) Quise explorar el terror interior del personaje ante el vertido de los cientos de miles de desaparecidos en nuestro país. Una put... tragedia.
Ese terror es el mío, es de todos los que amamos a este país. Estos muros han sido testigos de 500 años de violencia. De mucha sangre y dolor”, expresó y se disculpó por conmoverse de esa manera.
También definió qué es para él el cine: “Es la encarnación y materialización de ese pensamiento. El cine es arte y circo.
Y ahí reside lo fascinante y trágico de su naturaleza”. Después, el escritor Juan Villoro dio respuesta al discurso de Iñárritu. Lo tituló “El hechizo de la Luna”, en el que resaltó que el cine del realizador se huele tal como ocurre con Amores perros. También destacó cómo es un artista “de la cuerda floja” que, cuando llega a una meta, persigue un nuevo desafío, como pasó con El renacido.



