Después de haber sido uno de los reporteros que investigó la Casa Blanca de Enrique Peña Nieto, el periodista Rafael Cabrera pasó por depresión y se sentía perdido, pues se esperaba que se dedicara a indagar en temas de corrupción o de la política, pero su “corazón nunca estuvo ahí”. En esa época le llegó una historia que se convirtió en una “especie de salvavidas”: reconstruir qué ocurrió el 12 de febrero de 1971 cuando en una fiesta en Reforma 1935, en Lomas de Chapultepec, irrumpió la policía.
En esa redada se detuvo a 140 personas, entre éstas, jóvenes y figuras de la cultura y el entretenimiento como Alejandro Jodorowsky, Isela Vega, Helen Escobedo, Arnaldo Coen y Arturo Vega, entre otras. Los periódicos los habían tachado de “viciosos y degenerados”.
- El Dato: LA FAMILIA del director Pablo Leder tiene unas memorias inéditas que pudo leer Rafael Cabrera.
El “anzuelo” fue la documentación del cineasta Alejandro Jodorowsky que hay en el Archivo General de la Nación. Ahí encontró su nombre, aunque mal escrito, en la lista de detenidos aquella noche. Comenzó a tirar de la cuerda hasta dar con uno de los organizadores de la fiesta y varios de los asistentes.

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Entrevistó a los involucrados, además de consultar el archivo de la UNAM en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC), libros inéditos o documentos personales. Parte de la información la obtuvo de solicitudes de transparencia.
Al escribir qué ocurrió, se dijo “a la chingada todos esos formalismos” y decidió narrarlo en primera persona. El resultado fue el libro Redada en una fiesta hippie (Debate, 2026).
“Quería entender cómo se reprimió a toda esa gente por algo tan simple como una fiesta. Es un homenaje a toda esa gente libre que nos abrió camino en su momento. Ahora podemos andar en la calle todos tranquilos sin miedo a que te detenga la patrulla”, contó Rafael Cabrera en entrevista con La Razón.

Lo que descubrió sobre esa noche terminó convirtiéndose en un “retrato de cómo se atacaba a la creatividad, a la gente libre en muchas formas, desde su actividad artística, traer el cabello largo y hasta su sexualidad”.
“Tiene paralelismo con el famoso baile de los 41 por cómo se les exhibe, cómo entra ilegalmente la policía a detenerlos y pasa toda esta condena desde la ley, desde los medios, desde la sociedad. Era una especie de espejo contra las juventudes, la contracultura. Se hizo un retrato injusto. Hay una manipulación, encabezados malintencionados, cuando en realidad era gente pasándosela bien, siendo libre y creativa”, comentó.
Rafael Cabrera conoció a Jodorowsky, que se le expuso casi como líder de un culto de “degenerados”, pero en realidad, él no quería ir a esa fiesta y se la pasó quejándose, porque estaba resfriado.
Esa fiesta tuvo consecuencias. “Imagínate que te pongan en la portada de La Prensa como degenerado, se te cae el mundo. Es lo que les pasa a José Alonso, Jodorowsky y Juan Ferrara. Hay consecuencias; hubo represión hacia la obra El juego que todos jugamos; tenían en exhibición El topo, que también la ve difícil, con lo importante que es ahorita. Por un lado, es el sistema tratando de acallar a estas personas, pero, al mismo tiempo, están haciendo cosas tan poderosas que no hay manera de detenerlos”.
“A Isela Vega la ponen como una perdida, viciosa. Es ver cómo se retrata a las mujeres de carácter. Si pones en una portada orgía, hippie, drogas, menores, pornografía, parece que hay menores drogados que están siendo abusados”, contó.
Una de las historias que más le conmovió fue la de Arturo Vega, quien tras la fiesta huyó a Nueva York, donde terminó haciendo el famoso logo de la banda de punk rock The Ramones.
“Me parece uno de los arcos más bonitos: un hombre que decide vestirse de mujer, que le cortan el cabello, que lo exhiben horriblemente, en un acto homofóbico, termina haciendo ese gran logo”, compartió Rafael Cabrera.
Con esta historia, tuvo algo claro: hacer una memoria colectiva y demostrar que el periodismo también es sobre lo que nos mantiene “cuerdos y vivos”.

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