Después de 186 años de su salida de México, volvió al país en calidad de préstamo temporal el Códice Azcatitlán, preciado documento histórico que reseña la historia de los mexicas, desde la salida de su lugar de origen hasta los primeros años posteriores a la conquista española.
Proveniente de la Biblioteca Nacional de Francia, se exhibe desde ayer en el Museo Nacional de Antropología como fruto de una colaboración entre México y la nación europea; pero, el Gobierno de nuestro país y la comunidad hñähñu de Ixmiquilpan, Hidalgo, insistirán en la repatriación definitiva.
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“Creemos que los códices adquieren una relevancia histórica en el país que los hizo, en los pueblos, para ellos es muy significativo. Estamos en tipo diálogo, buscando que sea una devolución posterior. Sí es factible, pero eso dependerá de las leyes de los países (Francia y México). Lo que se está buscando es que se empaten las leyes, se está trabajando al respecto”, dijo ayer al ser consultado por medios de información, Baltazar Brito Guadarrama, etnohistoriador y titular de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (BNAH).

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Su declaración toma relevancia al ser quien aportó información técnica durante el pasado trabajo interinstitucional del Gobierno de México con diputados y senadores de Francia en la discusión que hubo en aquel país para aprobar un proyecto de ley para el retorno de patrimonios a sus lugares de origen.

Sin embargo, sólo se incluyeron piezas obtenidas entre 1815 y 1972, sustraídas ilegalmente en las antiguas colonias de la nación europea.
Brito Guadarrama comentó que, si bien se sigue buscando el retorno permanente del Códice Azcatitlán, el préstamo de dicho libro a México; y la salida temporal de nuestro país del Códice Boturini para exhibirse en Francia “es un primer paso, pero buscaremos que pudiera ser definitiva”.
Dijo que, aunque “no hay nada concluyente” sobre una posible repatriación, diputados y senadores franceses han visitado el país para conocer cómo se resguardan los códices. “Han venido para ver cómo se cuidan aquí, cómo los tenemos, y han visitado la bóveda de códices de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia”. Y reiteró que “tenemos las condiciones para tener este patrimonio nuevamente en México”.
Por su parte, Emilia Mendoza Espinoza, quien estuvo durante el recorrido de la exposición El Códice Azcatitlán. México-Francia, 200 años de amistad, comentó a La Razón que insistirán en la repatriación. La activista forma parte del colectivo Guardianes de la Cultura Ancestral de Ixmiquilpan, que en 2022 solicitó al gobierno del país europeo la restitución de los códices Azcatitlán y Borbónico.
“La nueva ley que se aprueba este año abarcaba cierta temporalidad que no incluye a los códices que solcitamos. Estamos esperando el siguiente año (para intentarlo de nuevo), a través del debate que se vaya a llevar a cabo en el Senado, en la Asamblea Nacional de Francia”, explicó la activista.
Mencionó que la repatriación de ambos códices es importante, porque para su comunidad es “recuperar otra parte del tronco que nos hace falta. Estamos solicitando historia, nuestro espíritu, nuestra vida, nuestra raíz”. “Reencontrarnos en este momento permea esas oportunidades para que estos documentos puedan regresar a nuestro país”, refirió, y confió en la voluntad política que hay en Francia.
Mientras tanto, Claudia Curiel de Icaza, secretaria de Cultura, resaltó la colaboración entre México y Francia para este intercambio temporal de los códices Azcatitlán y Boturini.

“Dos relatos de la peregrinación mexicana cruzan el Atlántico en partidos opuestos. El Códice Azcatitlán llega al Museo Nacional de Antropología. El Códice Boturini viaja a la Biblioteca Nacional de Francia. Esta historia comienza con la iniciativa de la comunidad de Ixmiquilpan, Hidalgo, que impulsó hace tiempo la petición para que el Códice Azcatitlán pudiera estar nuevamente en México”, externó, al tiempo que destacó que también fue crucial la reunión que sostuvieron los presidentes Claudia Sheinbaum Pardo y Emmanuel Macron el año pasado.
En tanto, la embajadora de Francia en México, Delphine Borione, sostuvo que las exposiciones en ambos países “representan una oportunidad extraordinaria para que el público mexicano, francés y visitantes del mundo conozcan mejor la riqueza y diversidad de la historia mexicana. No tengo duda de que contribuirán a alimentar la fascinación por la cultura de su maravilloso país”.
Reconoció que “la memoria no pertenece sólo a las instituciones que custodian los objetos, pertenece a los pueblos y a las generaciones que se reconocen en ellos”.
Mientras que la embajadora de México en Francia, Blanca Jiménez Cisneros, fue más allá, pues declaró que tardará en que se concrete una posible devolución del patrimonio.
“Va a tardar en que esto cristalice en algo más, pero es muy importante que ustedes conozcan esto, porque así como nosotros trabajamos, muchos otros van a tener que seguir trabajando en este tema”, dijo, y reconoció que “son decisiones de países y no necesariamente son las mismas. Hemos logrado salir adelante”.
PROTAGONIZA EXHIBICIÓN. El libro estelariza El Códice Azcatitlán. México-Francia, 200 años de amistad, muestra que estará hasta el 6 de diciembre con entrada gratuita en el Museo de Antropología.
Conformado por 20 fojas y elaborado en el Valle de México, se divide en tres secciones, narrando el recorrido de los mexicas desde Aztlán hasta la fundación de México-Tenochti-tlán, los principales acontecimientos de cada gobierno y la llegada de los españoles, la Conquista y el proceso de evangelización.
Se exhibe en una vitrina de cristal extendido y es posible apreciar dos fojas, por lo que de manera complementaria se colocaron imágenes que detallan partes sustanciales de su contenido.
De acuerdo con Baltazar Brito Guadarrama, ofrece elementos que aportan otros documentos sobre estos periodos, como el Boturini.
“Nos da, por ejemplo, que las mujeres participan, aunque ya en el Boturini aparece Chimalma, aquí vuelve a estar. Hay una serie de mujeres al final que son relevantes, están pintadas de manera grande, lo cual quiere decir que el papel que jugaron en esta historia fue importante. Está la aparición de un personaje africano en las huestes de Cortés, que es muy significativa también”, describió Brito Guadarrama.
Por su parte, Claudia Curiel de Icaza, secretaria de Cultura federal, detalló: “Los dos códices cuentan la misma travesía, pero con lenguajes distintos. El Boturini es una larga tira de papel amate con trazo sin color. Por su parte, el Azcatitlán, en papel europeo, tiene ilustraciones a color que siguen la historia hasta la Conquista y los primeros tiempos del periodo colonial. Algunas de sus páginas se perdieron con el tiempo y varias escenas siguen abiertas a interpretación, por eso la mirada, las preguntas nuevas, el diálogo entre especialistas, instituciones y comunidades es fundamental”.
El Códice Borbónico, recordó Brito Guadarrama, salió del país cuando José Marius Alexis Aubin se llevó su colección a Francia, donde la vendió a Eugène Goupil, cuya viuda donó el acervo a la biblioteca francesa.
La muestra se complementa con 25 piezas que permiten comprender la manufactura y permanencia de estos documentos, a partir de seis ejes temáticos, que reúnen facsimilares de nueve manuscritos prehispánicos.
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