Mientras en el arte mexicano había un proyecto nacionalista, el pintor Ángel Zárraga se mantuvo al margen de esos derroteros y apostó por una libertad estética en la que estuvo presente lo espiritual, la religión, la modernidad, la tradición y la vanguardia. Esto es parte de lo que se refleja en la exposición en el Museo Nacional de Arte (Munal), a 140 años del nacimiento del creador y a ocho décadas de su fallecimiento.

Ángel Zárraga. Los ideales del arte, que se inauguró ayer, reúne 80 obras que reflejan sus intereses temáticos y estéticos. “Ésa es la gran virtud, la búsqueda de una libertad estética, ideológica y, sobre todo, artística y poética de Ángel Zárraga. Mantenerse al margen del derrotero nacionalista tuvo sus consecuencias críticas, pero fue una propuesta muy particular y eso se ve reflejado”, dijo a La Razón el curador de la exhibición David Caliz Manjarrez.

La muestra, dividida en cinco núcleos, da la bienvenida con pinturas que reflejan la repercusión que tuvieron las vanguardias europeas, como su experimentación cubista, al tiempo que conservó la tradición. Resaltan La mujer y el pelele (1909), La bailarina desnuda (1907-1909) o Septiembre (1917), ésta última acercándose al cubismo como un pretexto para la exploración formal del arte, como un “desdoblamiento que después se verá reflejado en su regreso hacia lo figurativo tras la Primera Guerra Mundial”.

“Ángel Zárraga vivió la mayor parte de su vida en el continente europeo y trazó redes intelectuales, culturales y artísticas del Viejo Continente. Nos entusiasma mucho tener esta pequeña revisión sobre el maestro para entender cuáles fueron sus ideales, los cuales se pueden bifurcar entre toda la asimilación de Occidente en el canon clásico europeo, pero también en una reflexión importante sobre cómo se construye la modernidad a partir del cuerpo y cómo para él lo espiritual y lo religioso está muy vinculado con el concepto de lo moderno”, explicó el curador.

El recorrido continúa por las emblemáticas pinturas de deportistas de Ángel Zárraga, en las que son evidentes no sólo los cuerpos atléticos, sino también las evocaciones a imágenes religiosas, como ocurre con Tres futbolistas con boina, en la que parece que uno de ellos carga una cruz como Jesucristo, o Rugby, en la cual uno de los jugadores es “un cristo salvador”.
“Lo espiritual no solamente está ligado a lo religioso, que sí tiene que ver con una mística cristiana, sino también con el concepto de religión, que es volver a unir. Le interesa mucho recuperar este mal pasaje de la humanidad, como la Primera Guerra Mundial, para recobrar el carácter humano y divino del hombre a partir de la pintura. Por ello para él, una forma de experiencia estética es el futbol y el deporte”, abundó David Caliz Manjarrez.

En este apartado, el público podrá ver juntas las pinturas La futbolista rubia y La futbolista, que pocas veces se aprecian juntas, dado que son de una colección particular. En éstas se muestra cómo Zárraga fue un adelantado a su tiempo al retratar a las deportistas sin sexualizarlas.
“Desde una mirada muy moderna, reivindica no solamente el cuerpo femenino dentro del deporte, sino también la importancia de representar a mujeres en la década de los años 20. En La futbolista rubia o La futbolista se ven estos cuerpos muy estructurados a manera de escultura, pero dignificados. No hay una hipersexualización, sino toda una dignificación del cuerpo femenino dentro de un deporte que había sido siempre dominado por la masculinidad y eso también dentro de la modernidad es muy importante”, resaltó.
La exhibición también se detiene en dos facetas poco exploradas del pintor, la de retratista y la de paisajista.
Hacia la recta final del recorrido está presente un quehacer pictórico que conjuga tradición, pero mira hacia el futuro. Además de la metapintura, en la cual, dentro de sus cuadros, se retrata a él mismo, al igual que incluye otras pinturas de su autoría; o las piezas en las que sintetiza la relación entre el continente europeo y americano a través de alegorías.
A manera de epílogo, la muestra, que también celebra 200 años de relación entre México y Francia, cierra con una obra temprana de Ángel Zárraga, El pan y el agua, “donde se autorrepresenta como una especie de artista idealizado muy a la manera de Velázquez en Las meninas”.
Ángel Zárraga. Los ideales del arte
Cuándo: ya abierta al público
Dónde: Museo Nacional de Arte (Tacuba 8, Centro Histórico de la CDMX)
Horario: martes a domingo de 10:00 a 18:00 horas



