EL CLUB

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EL CLUB
Por:
  • Raúl Sales

Las piedras rasgaron sin piedad los pocos centímetros de piel que quedaban sin sangrar. Al inicio apenas unos rasguños tolerables que no afectaron su enjundia, luego fue un ardor y ahora era el intolerable caminar sobre piedras ardientes en llagas punzantes y aunque el dolor era intolerable, apenas competía con el nudo en la garganta, el dolor de estómago y el vacío de su glándula lacrimal. El dolor físico la distraía pero, no mitigaba el de su alma en lo más mínimo y el flagelo de la ausencia, de la culpa, de lo inamovible… de que servía jurarse amor eterno si en lugar de quedarse junto a él, escapó sabiendo que sus perseguidores se detendrían y ella escaparía, debió saber que no se podía escapar, debió prever la futilidad del acto y morir con dignidad junto a su amado y no huir con el miedo detrás y la culpa a cuestas.

Ver las luces y escuchar el sonido del motor la derrumbó en la inevitabilidad de saberse atrapada y pensando en que pudo haber estado unos instantes más con su amor, no escuchó la detonación que finalizó con su existencia.

Los cadáveres en el desierto de la frontera eran cosa de todos los días, la mayoría se perdía en la huida de la patrulla fronteriza, otros se creían capaces de cruzar solos de noche y cuando el sol estaba en lo alto del cielo, ellos no estaban cerca de ningún lado. Unos, los menos, habían caído por cansancio y en rarísimas ocasiones alguno golpeado por los minuteman que después de excederse en su “patriotismo” desaparecían del radar por meses. No obstante, los cuerpos que estaban encontrando tenían características diferentes, era difícil de creer pero, era como si fueran presas, como si los fueran cazando de uno a la vez y aunque su función era evitar el ingreso de ilegales, un escalofrío le recorría la espalda al pensar en los asesinatos a sangre fría de seres humanos.

Gustavo estaba contento, no solo recibió la lana de los mojados sino que además le habían dado una prima adicional por el empresario que deseaba contratarlos, una muy buena prima que acalló cualquier duda de la molesta voz de la consciencia que lo importunaba de vez en vez. Su chamba era simple, dejaría el camión en un almacén abandonado entre Santa Rosa y Anegam y tomaría la moto que era parte de su recompensa y seguiría hasta donde llegara, y ya lo que pasara con los indocumentados sería chamba del empresario.

Paró el camión en el lugar acordado, no vio su moto por lo que supuso que no habían llegado aunque habían sido muy exigentes sobre la llegadas puntual al punto de intercambio. El calor del desierto en la tarde se disipaba así que, suspiró y bajó de la cabina para encender un cigarro y matar el tiempo y en la primera calada sintió un dolor sordo y pronunciado en el pecho y el rictus de sorpresa al ver el hueco sangrante de su pecho, fue la última que su rostro mostró.

El costo quizá fuera excesivo para la mayoría de la población, aunque, estaba seguro que de esa enorme mayoría, ninguno había hecho lo que él había realizado y no les pasaría por la cabeza pagar para poder perseguir a un tipo en medio del desierto, así que se sorprendió cuando vio no solo una buena cantidad sino varios rostros conocidos de diversas sectores, desde actores hasta políticos pasando, claro, por aquellos que como él, compartían su pasión por la caza y tenían más dinero del que podrían gastar en diez vidas.

El ambiente era medio tenso al verse las caras, a nadie le gustaría que lo llamaran asesino de frente y mucho menos que pudieran señalarlo, todos habíamos supuesto que seríamos los únicos en estar ahí y a ninguno le gustaban las sorpresas.

-Buenas tardes. Bienvenidos al Club de caza. Para nosotros y ahora ustedes, solo será el club y no necesitarán nada más.- La voz era la más conocida de la nación, Harry, el presentador de todo evento deportivo de renombre era quien les hablaba y escuchar una voz conocida en un ambiente de tensión siempre es un factor que relaja.

-Saludos a todos, seguramente se conocen y si no lo hacen, lo haremos en breve, en nuestra pequeña reunión de rompehielo. Todos estamos aquí por lo mismo, por la enorme y única experiencia de cazar al depredador más peligroso del mundo, sueño de muchos pero, pocos podremos darnos este pequeño lujo.- Mientras Harry hablaba, unas hermosísimas mujeres entraron y nos pusieron coquetamente una copa de nuestra bebida favorita en las manos, grata sorpresa para algunos, aunque la mayoría entendió que era una muy sutil forma de decirnos que nos habían investigado hasta saber cuál era nuestra bebida y sí, en mis manos un “Wray Rum” con cola descansaba agradablemente. Contrario a la mayoría, que alguien tuviera los recursos para investigar hasta este nivel de precisión me tranquilizaba pues sabía que estaba en buenas manos.

-En breve, pasaremos al salón de equipamiento donde ustedes escogerán su herramienta y como estamos seguros de cuales serán sus preferencias, encontrarán ahí, un pequeño archivo donde verán la descripción de su presa. Estimados amigos, como bien conocemos, somos la regulación de la evolución, somos la cima de la pirámide y nuestra responsabilidad es esa, en el momento en que ustedes abran sus archivos tendrán una ventana de 12 hrs para concluir, en caso de no realizarlo, al finalizar el tiempo, lo haremos nosotros y ustedes podrán agendar su visita en la siguiente ocasión dependiendo de la disponibilidad, esto no es negociable y el no acatarlo podría privarlos de la posibilidad de seguir siendo parte de este club.-

Me sorprendió ver un Vapen “Falcon”, quizá era cierto eso de que sabían hasta eso de nosotros, lo tomé en mis manos y no pude hacer una mueca de desdén cuando vi al empresario textil tomar un ShAK-12, en fin, cada quien con sus paliativos.

Abrí el archivo en el localizador y vi el rostro de la presa, hombre joven, atlético, aguerrido, sí, era mi presa, oprimí el botón de inicio y el indicador parpadeó, a 6 km, tomé el todo terreno, el desierto no era mi zona favorita y no quería perderme la diversión por quedarme atascado. Inspiré el aire ya frío de la noche y sonreí, la ley era para los de abajo…

La nación se conmocionó cuando los ilegales asesinaron a uno de sus ciudadanos prominentes, nadie sabía a bien porque un millonario se encontraba solo a la mitad del desierto, la teoría que manejaban los medios y las autoridades es que había sido secuestrado, la otra, que había ido a recoger mano de obra barata pero, nadie se explicaba de donde habían obtenido los indocumentados un arma de tanto poder y tan difícil de conseguir. No importaba, ahora sí, se fortalecerían las medidas en la frontera y menos mal, que en la nación si había pena de muerte y no, así generara un conflicto diplomático, no extraditarían a los ilegales asesinos…