AL MAL TIEMPO, BUENA CARA

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AL MAL TIEMPO, BUENA CARA
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-De lo que se trata es de encontrarle un orden al caos.-

No le hice caso, empezaba con sus ondas metafísicas del orden, la luz, el destino… cada día era lo mismo, iniciaba por la mañana y al final de la tarde, su frustración alcanzaba el punto de ebullición, los viales volaban por el laboratorio, los papeles de escritura tan apretada que parecían rayones aleatorios tapizaban el piso, un día más desperdiciado.

-¿Acabaste?- pregunté cansino y hasta cierto punto harto de lo mismo.

-Deberías apoyarme, también es tu proyecto.-

Contestarle, una vez más, requeriría un control emocional que no creía mantener. Quería decirle que me había arrastrado a esta locura pero, eso no era del todo cierto, cuando iniciamos realmente creía que estaríamos salvando el mundo. Ahora llevábamos dos años en la misma cansina, desgastante y enloquecedora rutina, el pitido de un minuto sonó, unos números digitales en medio de la habitación aparecieron y el conteo hacia atrás inició, recordaba la programación de ese tipo de números, antes se le hacían elegantes, ahora los odiaba abrumadoramente, visceralmente… 4… 3… 2… 1…

El cuarto se reseteó, desde la primera vez que había sucedido supo que, de alguna forma el escape de tiempo obligado había fallado, que de alguna forma habían entrado en un bucle condicional, uno que solo terminaría cuando se cumplieran los parámetros de éxito de la simulación. El problema era estúpidamente en el beta test habían cargado una imposibilidad, conseguir la cura de lo que llevaba siendo incurable desde hacía décadas y si las mentes brillantes de los últimos 40 años no habían podido encontrarla, las posibilidades de que ellos lo hicieran estaba en 0.00000001 % o en otras palabras, estábamos condenados a la repetición incesante de lo mismo cada día.

-Empecemos de nuevo.- Su tono de voz era animoso y yo sabía que mentía, él sabía que mentía pero, sin la mentira la locura estaba un poco más cerca y al menos, él seguía, yo ya había tirado la toalla y arrastrado junto con ella.

-Empieza tú, yo te veo fracasar, haz de cuenta que no estoy.- No tenía porque zaherir y no obstante, lo hacía. El laboratorio estaba impoluto, la misma simulación día con día.

-No, no lo digo por el trabajo de laboratorio. Ese era imposible con nosotros dos e intentarlo solo yo no le añade nada a la probabilidad. No, hablo de empezar otra vez, de escudriñar otra vez la posibilidad de una puerta trasera o alguna otra posibilidad.-

-Es igual de inútil.- contesté con la ira apenas contenida.

-¡Carajo! ¿Acaso tienes cita en otro lado? ¡Lo queramos o no, estamos atrapados en este maldito programa informático!-

-Y seguiremos pues mientras tu jugabas al Dr. Yo revisaba si había algún glitch, algún temblor de render, algo que me mostrara que no estaríamos atrapados en la eternidad.-

-Algo podremos hacer, nosotros construimos esto.-

-Pero algo hicimos mal. Yo creo que fue la interfase cronocraneal.-

-Explícate.-

En el momento en que entré en modo cátedra, la desesperación se hizo a un lado, era mi mecanismo de siempre, estar hasta el cuello para iniciar el proceso. No obstante, por 700 días aproximadamente había estado congelado.

-Construimos la simulación como un espacio virtual donde pudiéramos investigar aceleradamente.-

-No sean tan condescendiente, lo construimos juntos.-

-Lo sé, concédeme explicarlo como a un niño, necesito vocalizarlo.-

-Adelante entonces.-

-El tiempo es inmutable, es una constante universal y no obstante es relativo según Einstein, bipolar según Schrödinger, una red causal según Sorkin, entrópica según la Hawking-Bekenstein y nosotros usamos un concepto onírico por la frase de “somos el sueño de un Dios que no sabe que sueña” y porque ambos hemos tenido resoluciones de problemas en un breve cabeceo en el que vemos toda nuestra vida.-

-Sí, sí, eso era lo que querías ¿no? Trabajar semanas en segundos.- Entonces lo vio, palideció y yo me sentí orgulloso que la simulación pudiera renderizar hasta la terrorífica comprensión de que podríamos pasar milenios atrapados en la simulación mientras que fuera de ella, ni siquiera hubiera pasado un día y a nadie le extrañaría que nos perdiéramos un lapso mayor pues lo habíamos hecho en el pasado.

-Eso, eso que acabas de visualizar es en lo que fallamos o mejor dicho, fallé. La interfase cronocraneal, la conexión de tiempo que pensamos como salvaguarda por si algo como esto o como el anime de la espada nos pasaba, el fusible salvavidas.-

-Supuse que había fallado cuando se reseteó el laboratorio la primera vez.-

-No, simplemente no están síncronos. Mientras aquí llevamos 2 años, en la realidad apenas habrán pasado 1 ó 2 minutos y el temporizador que nos sacaría por si algo como esto pasaba tiene unas eternas 7 hrs y 58 minutos por correr.-

-¿Entonces saldremos?-

-Sí, en unos 335,300 días aproximadamente o como en 900 y pico de años pero antes de eso, estaremos completamente trastornados, habremos enloquecido hasta lo indecible, habremos transgredido los límites de la civilidad. En términos coloquiales, estaremos… locos.-

-Algo podremos hacer.-

-No, nada, simplemente no estamos listos para vivir una simulación de lo mismo cada vez pero en el diminuto espacio de un laboratorio. Quizá si hubiéramos cargado el simulador madre, estaríamos perdidos en calles históricas y no en una calle sin futuro.-

-Analicémoslo con calma.-

-Con calma, con prisa, cual es el caso, tenemos la eternidad, le daremos tiempo al tiempo, lo tomaremos con calma que llevamos prisa, pero el tiempo ya no serán oro, será pirita pintada y por mucho que le pongamos buena cara al mal tiempo, la única cara será… locura.-

El temporizador acabó y desconectó la simulación, el día había transcurrido apaciblemente, tanto como los dos cuerpos laxos que estaban sobre las sillas de inmersión. Cuerpos jóvenes que si alguien viera sus ojos, estos no coincidirían con la apariencia de juventud pues en ellos se vislumbraría una consciencia sumida en olas de inmensidad temporal como dirían en el medio oriente… mirada del hombre que ha visto el rostro de Dios.